Fluyendo con el río de la familia Failde

Una larga, profunda y poderosa línea ancestral lo une con Miguel Failde, figura imprescindible de la historia de la música, creador del danzón. Ser descendiente de alguien con ese legado ha convertido a Ethiel Failde en un hombre dual: por una parte lleva el peso del arte que reta y exige; por otra, porta esa energía del pasado que lo impulsa constantemente para reencontrar en las raíces una razón existencial que le sirva como combustible a su presente creación.

La Orquesta Failde, que Ethiel dirige, surgida de ese magma misterioso, es un tributo, pero también un organismo vivo. Nominaciones a los Grammy en 2020, 2023 y 2025 avalan la grandeza del proyecto, así como su impronta en nuestra cultura. El viernes último el disco Piango Piango de la orquesta obtuvo cuatro nominaciones a los premios Cubadisco. Sirva esta entrevista como felicitación y regalo.

Con cinco álbumes, presentaciones en más de cincuenta ciudades del mundo y colaboraciones con importantes figuras; la orquesta y el director ya forman parte de la genealogía de la música cubana más genuina.  Ethiel Failde accedió a ofrecernos parte de ese testimonio de lucha y de memoria.

¿Cómo es cargar con el legado de ser descendiente del creador del danzón?

Soy sobrino tataranieto para ser más preciso. Mi tatarabuelo Eduardo, hermano de Miguel Failde, también era músico e integraba su orquesta, como casi todos los hermanos. Pero ese hilo en mi familia se perdió, al punto de que yo conozco el danzón cuando Esther, mi maestra de primaria, me enseña a bailarlo como parte de su maravillosa labor de promoción cultural. Luego por embullo me presenté a las pruebas de la escuela de música de Matanzas y la flauta me escogió a mí, porque fue el instrumento al que logré sacarle sonido.

Se puede decir que ha sido por voluntad que me he ido encontrando con Miguel Failde y su legado. Para eso ha sido vital el libro de Osvaldo Castillo Failde titulado Miguel Failde, creador musical del danzón del cual quedan muy pocos ejemplares. Yo lo veo como un deber y un honor: hacer que el danzón suene en el siglo XXI, sin pretender que acapare lugares en el hit parade, como una práctica de valor patrimonial y comunitario, como una música muy hermosa que dice tanto de nuestro devenir como nación. Eso no significa que mi orquesta y mi labor como músico se centren, únicamente, en el danzón. Ni el propio Failde en su momento interpretaba solamente danzones. A nosotros nos interesa todo lo popular bailable y lo que nos conecte con el Caribe y la alegría de nuestros pueblos. Para los nacidos en esta región, la música y el baile son núcleos de identidad y resistencia, por eso también incursionamos en el merengue y la cumbia, además de asumir muchos ritmos cubanos. Quienes hayan presenciado un concierto nuestro sabrán a qué me refiero.

El amor a Failde y al danzón es una constante en nuestro trabajo, por eso no hemos dejado de grabar danzones, incluso, luego de una ardua investigación casi arqueológica, logramos sacar a la luz otras creaciones, porque solamente se conocía o había registro fonográfico de “Las alturas de Simpson”. Ahora, quien quiera conocer más su catálogo puede ir a nuestro EP Joyas inéditas. Ahí están, además, el Encuentro Internacional Danzonero que hacemos con frecuencia bianual en Matanzas y los programas Danzoneando en radio y televisión. El mes pasado, luego del esfuerzo de un año entero, se logró la presentación ante la UNESCO del expediente que ampara la nominación de esta práctica cultural para integrar la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, una iniciativa de la comunidad danzonera cubana.

¿Cuál es la clave para que su música fusión suene tradicional, pero a la vez fresca para los jóvenes?

No tengo recetas. Hemos aprendido a base de ensayo y error. Pero en lo que respecta a la música tradicional, he querido grabarla con el mejor sonido posible, el que permiten los avances tecnológicos de la actualidad, para que no “suene a vieja”. He tenido la dicha de poder contar con notables ingenieros para la grabación, mezcla y masterización de nuestros álbumes.

Para las canciones nuevas que incluimos en el repertorio o las versiones “a lo Failde” tratamos de tomar aquel tesoro: la elegancia, el privilegiar la función bailable, el no complicar demasiado las estructuras musicales, la importancia del coro, el tumbao y las temáticas y frases actuales. Eso, además de nuestro formato y de que tenemos un pequeño grupo de arreglistas que ya conocen mis ideas musicales. Y bueno, el hecho de que en nuestra orquesta la mayoría somos jóvenes y tocamos con alegría y verdad, o al menos eso tratamos la mayor parte del tiempo.

¿Cómo logran que la Orquesta mantenga ese aire de alegría y matanceridad en medio de las giras?

En Matanzas vivimos y es siempre nuestro punto de partida, caminar por sus calles es nuestra fuente primaria de inspiración. Por suerte, contamos con el apoyo de las direcciones provincial y municipal de cultura que amparan muchas de nuestras ideas. El público matancero lo mismo me llena de elogios que me regaña, ellos pueden hacerlo, lo saben. Por ejemplo, al principio, a mí se me ocurrió un formato muy loco para la agrupación como recreando la orquesta típica o de viento del siglo XIX y las críticas del público me llevaron a incorporar piano, cantantes, a tocar más la flauta y variar el repertorio para privilegiar el baile.

¿Dónde te ves dentro de diez años?

Dentro de diez años no sé si existirá la Orquesta Failde, nos han tocado tiempos muy duros, con la contracción del turismo y la ausencia severa de espacios para el baile popular. Prácticamente no hay mercado para la música en vivo en Cuba. Nuestro compromiso con el público es darle la mayor calidad y dignidad posibles mientras este sueño siga vivo, que cada concierto sea una celebración de lo mejor de nuestra cultura, seguir haciendo una música bonita. Hasta donde se pueda.

¿Si pudieras pedir algo para la música cubana, ¿qué sería?

No milito en el bando de los pesimistas, pero se requiere de mucha voluntad institucional, estrategia a nivel macro, promoción, mayor interconexión con el mundo y estímulos económicos para desatar las potencialidades de nuestra escena musical. Hay talento, sí, pero también muchos vacíos en esa cadena. La industria musical cubana es, por decirlo de un modo poético, una aspiración, un horizonte.

Como prefiero centrarme en el presente, te puedo decir que estamos grabando un nuevo disco que saldrá por nuestro cumpleaños en 2027, o al menos, eso esperamos. Estamos experimentando más con los sonidos del Caribe, con canciones originales sin traicionar nuestro repertorio habitual y colaborando con artistas mexicanos o radicados en ese país, como Eugenia León y la Sonora Dinamita. Ya no hacemos tantos videoclips como antes, porque, por lo general, vemos que es un formato que va cediendo espacio frente a fórmulas que impliquen menos gasto de producción, más conexión con la gente y más funcionalidad en las redes sociales que hoy son la vitrina fundamental.

A nosotros en particular nos funcionan mucho mejor los videos en directo o los que reflejen lo que sucede en el estudio o en el escenario. No estoy estigmatizando a un formato que sigue teniendo valores culturales notables, solo explico lo que a nosotros nos funciona.

Ethiel Failde y su Orquesta no se detienen. Pudiera pensarse que, con los resultados y la historia que los avalan, es suficiente. Sin embargo, no se trata de eso, sino de la esencia del arte que no para de fluir. El largo río, que nace con Miguel Failde, surge de lo más profundo de Matanzas, trae las voces de otros tantos ancestros quizás anónimos y olvidados. Todo silencio será roto en nombre de la belleza de la música. Las aguas nacen donde menos lo esperamos, quizás en una pequeña academia donde otro niño aprende a tocar la flauta. Así funciona, con misterio y con luz.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *