No hay amores como el nuestro: Elioveliz y Danaibel estrenan videoclip en Lucas

Isely Ravelo Rojas

Cada historia de amor es un universo íntimo que se edifica en torno a símbolos, rituales y complicidades. En eso pienso al disfrutar el videoclip No hay amores como el nuestro, de Elioveliz y Danaibel, que recién se estrenó en el programa Lucas.

La propuesta recrea momentos cotidianos de una historia de amor en la que los protagonistas experimentan esa nostalgia de lo que fue y buscan una reconciliación a lo largo del clip. Con dirección general de Ángel Ernesto García y Jorge Luis Fernández, el video musical se apoya en elementos y acciones ya conocidos, para la representación,: los gestos, fotografías compartidas, paseos, reconciliaciones, la música que los une, las pequeñas notas de amor que uno al otro se dejan, toda la intimidad juntos que ahora se rompe. Tal ruptura a nivel narrativo se logra gracias al uso de dos espacios físicos en los que aparecen los intérpretes-personajes y la pose en la que ambos se dan la espalda. Ella en su cuarto; él en una escalera o caminando por la Habana Vieja.

En este punto, vale resaltar cómo la capital cubana vuelve a ser motivo de representación en el videoclip nacional; ahora como referencialidad espacial que nos permite ubicar dónde ocurre la historia de amor. Sin salirse de la fórmula conocida, los realizadores construyen una dramaturgia que el espectador puede disfrutar; se trata de una historia sencilla, pero que conecta; ¿Quién no ha amado o sufrido una ruptura amorosa? ¿Quién no ha intentado la reconciliación? De uno u otro modo, todos hemos vivido una experiencia similar. Quizá en eso radica la mayor virtud del video: su capacidad de dialogar con un público amplio, independientemente de su edad, género o clase social. Escoger un tema universal como el amor, con un modo de representación audiovisual también conocido, garantiza (pongámoslo entre comillas) una mayor identificación y cercanía emocional con los espectadores. Para decirlo de otro modo, el margen de error es mínimo si lo que se persigue es complacer los gustos o matrices de consumo del mercado.

Elioveliz, conocido como el José José cubano, por su parecido interpretativo y vocal con el Príncipe de la canción, en la actualidad encausa su carrera musical hacia la defensa de temas musicales y estilo propios. No hay amores como el nuestro es un ejemplo de ello, aunque el título es un guiño indiscutible a la canción «amor como el nuestro no hay dos en la vida, por más que se busquen, por más que se escondan…» del cantante mexicano. A juicio personal, el joven intérprete aún no desata del todo su apego a la obra de José José, algo que le haría bien a su recorrido y carrera musical en despegue. Versiones en redes sociales como “Preso”, “Gavilán o paloma” y “Lo pasado pasado” lo hicieron popular y le abrieron puertas al mercado musical. Sin embargo, ya es tiempo de que Elioveliz persiga la autenticidad y su sello distintivo. Así lo está haciendo de manera lenta, pero progresiva donde a través de la balada romántica, su timbre vocal y desempeño escénico encuentran espacio.

Por otro lado, en el videoclip se utilizan varios elementos transformados en símbolos, metáforas y significados complementarios que refuerzan el sentido de la narración. Por ejemplo, el cassette, que remite a una época sonora pasada, la guitarra como elemento imprescindible entre ambos y al final, el unicornio dibujado que cuelga de un árbol. Este último, es un animal fantástico asociado a la inocencia, el milagro, la magia y el encanto, símbolo del espíritu libre, solo aprehendido por un amor vivo. Esa atmósfera de amor juvenil, inocente, encantado y mágico se percibe en la propuesta audiovisual. Los ecos de un amor vivo e irrepetible.