Magia es un éxito global en redes sociales. Decir esto resulta fácil, pero entrar a analizar los resortes internos que mueven la pieza constituye un ejercicio de rigor, arriesgado. No se está ante un género en específico, sino ante la reunión de códigos de tipo urbano que confluyen para conformar una sonoridad coherente, orgánica, que no cae en el vacío de cierta producción, pero cumple con las expectativas del público. Equilibrio, sobriedad en el trabajo vocal, elección correcta de las locaciones y la coreografía mínima. Se nota la mano de Roberto Ferrante quien con vista de águila sabe identificar valores, posicionarlos, hacerlos valer. Decir que un video rebasó la barrera de la viralidad y que posee elementos de rigor son términos que ya conducen al manejo de categorías de peso, la crítica tiene la obligación de explicar cuándo un fenómeno crece, por qué lo hace y si es posible su horizonte futurible.
Nicky Jam participa con Charly y Johayron en este éxito. Sin embargo, para el dúo cubano ha significado un antes y un después. Literalmente, los lanzó a las cifras del estrellato en materia de consumo. Una vez más la fórmula para posicionar un talento está en el uso de estrellas ya establecidas. Las alianzas son válidas en materia de mercado y si contribuyen a que el arte salga ganando no debería haber objeciones. Nick Rivera Caminero es una figura que debutó a inicios de los años 2000 con éxitos que conformaron su leyenda en el género urbano. Su historia posterior indica un renacimiento a pesar de la caída y el declive por problemas personales. A esta segunda etapa de su entrega como artista pertenece Magia, una pieza que hizo porque se interesó en el dúo cubano, lo comprendió y supo aportarle parte de su brillo. De hecho, en la introducción del video es Nicki Jam quien les pide ayuda a ellos para conquistar a una chica cubana. Quizás porque va implícita en la secuencia un gesto de humildad, quizás porque de esa manera se nos estaba mostrando veladamente el papel del músico consagrado en esta producción: acompañar, resaltar, sumarse.
Charly y Johayron, por su parte, ven en Nicky Jam un referente. El encuentro entre los tres no minimiza el aporte de ninguno de ellos, sino que resalta el talento del dúo cubano. Hay, detrás de cada secuencia, ese sabor a sueño cumplido que se respira en toda la canción y que es, en parte, la sustancia de la misma. Se trata de una felicidad que lanza un discurso optimista, de superación y búsqueda. Magia desde la propia palabra que bautiza el tema se refiere precisamente a la posibilidad de que las cosas se cumplan, de que las realizaciones sean tangibles. Paradójicamente, quienes conocemos el esfuerzo que hay detrás de cada carrera sabemos que no existe nada mágico, sino talento, tiempo invertido y a veces el cansancio de no saber hacia dónde se va. De una aparición relativamente reciente, el dúo cubano apuesta por una manera de entender la música urbana que encaja en los estándares de exigencia de la industria, pero ofrece la posibilidad de realizar variaciones con la sonoridad, los registros y las fusiones. No es reguetón puro y duro, no es reparto, no es cubatón, no es salsa ni mucho menos pop latino. Se trata de una mezcla armónica que, para lograrse, requiere de un ejercicio de equilibrio y selección más allá de lo normal.
Dicho esto, Magia no es un tema facilista, es cierto que resulta comercial, que su propuesta no se inscribe en la experimentación conceptual o de formato; pero no lo necesita. No está ahí su pensamiento. Y me parece perfecto: la pieza elige hacia dónde dirigirse y coloca todas sus energías hasta lograrlo. Ahí está la “magia”.
La canción se mueve con una tonalidad suave, filtrada con acierto, un tempo más lento y típico de las baladas románticas. En la letra y la coreografía no hay perreo, no se halla la dureza del reguetón “de calle”. Al contrario, la apuesta dulcifica esos elementos culturales del género urbano hasta hacerlos casi invisibles. De ahí que en plataformas digitales como Spotify y Apple Music aparezcan etiquetas como “latin urban”, “pop urbano”, no sencillamente reguetón. Aunque el patrón rítmico de base está inspirado en aquella sonoridad fuerte de inicios de los años 2000 (la primera etapa de oro de Nicky Jam); el dúo cubano sabe elegir el tono y graduarlo a la medida de las exigencias de un género híbrido que ha ido mutando con la industria y que se adapta a las formalidades del consumo cultural. No obstante, Magia no se despega de lo que la mercadotecnia exige, no hay un más allá, solo encaja en el molde y se torna viral. Está bien, de hecho así se cosecha el éxito —con números—, pero a la vez resulta válido volver sobre la posibilidad de que el género urbano también apunte a un terreno no solo comercial, no solo de fórmulas, sino además de mundos audiovisuales diversos.
Charly y Johayron —no diré que de la mano de Nicky Jam ya que demuestran solidez y seguridad suficientes en su proyección como artistas— hacen un género urbano que nos ofrece la esperanza de una sonoridad suave, romántica y amable. Una propuesta que se sale de los márgenes y que abraza una visión más generalista de este tipo de facturas. El consumo se educa, pero para que suceda hay que escuchar los ritmos, seguir sus caminos, no negar el mercado (eso sería un disparate), sino entenderlo como parte del ecosistema musical. A veces estas colaboraciones —como es el caso— nos recuerdan cuánto a cambiado una rítmica como la del reguetón que a inicios de los años 2000 explotaba en plazas, videos y radios con una filosofía desde la dureza y la marginalidad y que hoy la propia vida, la industria y el arte han filtrado. Magia pertenece a la segunda etapa en la evolución del género urbano híbrido de estos tiempos, ese que ha sabido volverse electivo para sobrevivir, que existe dialécticamente entre el mercado y los públicos y que se nutre del talento natural que subyace en los países de la región. Si me preguntaran cuál es la ganancia, lo diría así: la fusión de ritmos ha permitido que las generaciones encuentren su voz, su rostro, su corporeidad y a partir de ahí logren una variable constante de registros que enriquecen la música.
Este espacio de Lucas tiene el compromiso de hablar de todos los géneros y voces y de hacerlo con honradez y responsabilidad, sin prejuicios. Creo que acercarnos a la comprensión del género urbano desde lo serio, desde el análisis categorial y la disección nos ayuda a todos. A los más jóvenes a entenderse y elegir qué desean escuchar y por qué (el llamado consumo consciente). A los que somos quizás ya menos jóvenes nos funciona para establecer un diseño mental que nos reconstruya la genealogía de los últimos veinte años de música popular.



