La rebelión de David contra el feudalismo moderno

Un aire de blues suena en los primeros acordes del tema Feudalismo moderno de David Blanco. Luego el tema va mutando, se produce una transición fuerte hacia el rock and roll estilo hard rock. La vestimenta, la aparición de motocicletas, el uso de luces, pantallas encendidas, nos llevan hacia un universo visual que alude al caos, la caída del mundo y el desasosiego. El artista ha manejado en pocos segundos varios registros artísticos que apuntan hacia vectores de sentido de gran fuerza. Por un lado, los referentes culturales del abismo posmoderno, por otro, la estridencia metálica como apoyo desde lo sonoro. El resultado es una poesía distópica.

David Blanco es un autor que ha sabido moverse con soltura entre el rock, el pop, la música popular e incluso, la clásica. Su sólida formación y los referentes creativos lo convierten en una pieza singular dentro de la cultura cubana. A medio camino entre la estridencia y la melodía, entre la rebeldía y el afinamiento; el artista sabe acercarse a los públicos con los elementos puntuales que conectan, sin que por ello abandone el rigor, la formación y el uso informado de cada formato. Feudalismo moderno acontece en un mundo marcado por la transición. A David Blanco le interesa participar de un debate en torno a cómo se organiza el poder. No es una canción fácil en términos temáticos. El video usa una estética que roza en lo vintage —con un marcado matiz ochentero— lo cual contrasta con la referencia constante a un periodo atemporal, apocalíptico. Recuerda tiempos como los de la pandemia, cuando nos encerramos en las casas y la sociedad se mudó a las redes sociales. La cercanía entre obras como 1984 de Orwell y la tesis defendida por Blanco no es un peso, ni algo que le cuelgue a la obra. Hay un trabajo que huye de lo artificioso y que reelabora el tema de lo distópico.

Salvando las distancias, oír la canción me trae a la mente los mejores momentos de Guns N´ Roses. De hecho, David Blanco realiza un performance que se acerca al ícono Axl Rose. Claro está, el cubano sabe usar apropiadamente las referencias, sin que se note. No hay un trabajo burdo, sino una apropiación y una preparación profesional y potente del formato, de manera que sea digerible como obra en sí misma. Esa es la traza de los grandes artistas y, sin dudas, estamos ante uno.

El tono de rock de los setenta y los ochenta no solo se construye a partir de la melodía, sino que es un registro cultural que sustenta todo el producto. Feudalismo moderno habla sobre la vigilancia, la pérdida de la libertad, el amor y la esencia. La canción, casi a la mitad, se detiene y reproduce una melodía de balada, cambiando todo el ambiente duro y metalero por un paisaje natural y el rostro de una muchacha. Es una especie de paraíso perdido en el caos. La utopía en el abismo, el sosiego jamás recobrado. De inmediato, el tema retoma su base melódica de rock y las guitarras nos retrotraen hasta el escenario oscuro, iluminado por pantallas, frente a las cuales aparecen indios de las tribus norteamericanas. Todas esas referencias forman un collage visual, un espectro de percepciones en las cuales se discursa sobre lo engañoso de la imagen y acerca de la necesidad de ir más allá de la pantalla y la tecnología. La sensación de encierro, que percibimos a partir del video de David Blanco, crea una angustia existencial. Solamente mediante el rock, el ritmo potente a lo Guns N´ Roses, puede expresarse el anhelo por la armonía y la libertad que un tema como el feudalismo presupone para el mundo de hoy. Es como si David se rebelara contra todo, dándonos la fórmula a partir de la música y la fusión estética.

Quizás exista una percepción desinformada sobre este artista como mera figura de la música de consumo masivo. Lo cierto es que David Blanco posee la formación y el filtro necesarios para moverse entre formatos y trabajarlos todos con suficiencia. No solo por la voz, sino porque su proyección en escena goza de un histrionismo rayano en la actuación profesional de altura. Él sabe lo que quiere, también conoce cómo lograrlo. Mirar hacia la obra de este creador no resulta un ejercicio fácil, porque en él confluyen la hibridación de géneros con la reelaboración de narrativas, el uso de la alta cultura y de la cultura pop/rock con lo criollo, la unidad entre lo posmoderno y lo propio. Todo eso sin que las costuras se noten, sin que existan empates chapuceros o empastes disonantes. David Blanco ha querido darnos con este tema una reflexión en la cual habla el hombre maduro, lleno de preocupaciones, el que sabe que está llegando a un punto de su carrera donde lo más importante es la autenticidad.

Precisamente, el feudalismo es ese régimen político donde confluyen la fragmentación, lo rizomático, el caos, el despotismo, la sinrazón, lo oscuro y el fanatismo. El grito del artista intenta darnos un resumen de estas angustias. No es una nostalgia por la modernidad perdida, sino un salto al vacío, sin amarras, sin redes de protección, sin advertencia previa. Se respira salvajismo, tirantez. El hard rock es una sonoridad que expresaba, precisamente, la rebeldía de una generación cuya identidad nació lastrada por las sucesivas crisis institucionales de Occidente. La desconexión con respecto a sus antecesores era inmensa, pero también, la incapacidad de construir un discurso propio. Y es que lo rizomático se expresa mediante la carencia de una jerarquización del orden, lo cual no resulta ni bueno ni malo, pero sí casi siempre caótico.

En el traspaso de la Edad Media a la modernidad las sociedades se volvieron dispositivos de poder que sujetan a las personas. Son mecanismos de vigilancia y uniformidad. Hablar de feudalismo no es en ese sentido una contradicción, sino una metáfora que apunta a la pervivencia de visiones que permean la idea de libertad. La sutileza de David Blanco en la alusión hacia categorías complejas, llenas de matices, nos arroja la realidad de un artista que no le teme a lo dificil y lo diferente. Y no digo lo anterior como mero elogio. El videoclip —esencialista en cuanto a recursos visuales hasta cierto punto— pudo haber estallado más hacia adentro, buscando esa fuerza centrípeta de los conceptos distópicos. Sin embargo, como idea está focalizado en el núcleo y desde allí irradia una atracción que resulta potente, rockera, retadora.

David Blanco no es la estridencia vacía, no es el riff separado de su sentido más hondo, ni mucho menos la banalidad de la melodía; sino lo profundo del estudio, la meditación del estilo y el alumbramiento estético. Feudalismo moderno es una antítesis sociohistórica. Se supone que en la modernidad el modo de producción no reside en las estructuras cerradas y medievales. Por otra parte, el viejo sentido del poder no se emparenta con la dinámica de la modernidad. Pero el artista logra construir un puente de conceptos, un vehículo del pensamiento en el cual hay música, sí, pero sobre todo hallamos la posibilidad de participar en esa silenciosa sorpresa que encierran las obras rebeldes que logran un mensaje, subvierten y apasionan.