X distópico

El disco Aire de X Alfonso es un recorrido que busca servir de contrapunto conceptual con el presente de Cuba y la humanidad. No me quedan dudas de que, más allá del interés estético por retomar esos clásicos de la canción, pervive una visión de diálogo con una realidad exigente, a ratos distópica y de rasgos deformes. El videoclip que recrea el tema “Sueño con serpientes” es de lo más orwelliano que he visto en los últimos tiempos. La referencia directa a los elementos de la obra literaria 1984 nos conecta con una intencionalidad situada más allá de la música. X se apoya en Silvio para traernos otro Silvio que es a la vez el mismo.

Destrabando el trabalenguas: lo que le interesa a Aire no es sólo la música, sino la música para algo. De hecho, el propio nombre ya nos ofrece una clave, se trata de aliento fresco, una bocanada de oxígeno en medio quizás de la asfixia, la presión o la desesperanza. El disco es una antología que no se limita a recrear o a hacer arreglos, sino que destapa, cual válvula, el panorama emocional de un país que no debería olvidarse de sí mismo y de sus grandes cantores. Lo que sale del interior de ese inmenso agujero oscuro no solo es arte, sino el grito de angustia de unas generaciones que parecieran moverse entre la enajenación y la certeza, la pérdida total y el reencuentro. Este videoclip que nos muestra una cara deconstruida del clásico “Sueño con serpientes” se sitúa en La Habana distópica. Lo que vemos no es una ciudad, sino la crisis de un entramado de valores y el residuo tóxico que queda detrás. Los edificios han cambiado y su función ya no es ser habitables, ahora perviven como símbolos de lo terrible. El uso de una fotografía en tonos oscuros, de una animación en la cual los personajes no tienen rostro —pero sí alma— son detalles que van trayendo poco a poco una ósmosis de sentido: el destinatario del video halla la clave de su cotidianidad. Cierto que la pieza se expresa de manera oblicua, tangencial, llena de simbolismo. La narrativa opera mediante constantes elipsis que finalmente generan un cráter al cual conduce la tesis total.

“Sueño con serpientes” es uno de los temas más enigmáticos de Silvio. No se sabe si se refiere a una realidad externa, política, de luchas o —lo cual prefiero en lo personal— a una contradicción interna, más referida a las almas y la construcción de uno mismo. En todo caso, lo propio y lo ajeno son aspectos metafóricos de esta canción con los cuales juega tanto Silvio como ahora el propio X. Nada que se haga con oficio deja escapar la esencia de un instante híbrido como el que vivimos. Somos a fin de cuentas el pasado, pero también un presente cuya proyección a futuro se asemeja a un túnel. De hecho, aunque la animación del video acontece en clave de exteriores; existe una referencialidad constante a la claustrofobia y la asfixia, la oscuridad. Hay un personaje solitario cuya única rebelión es leer y esconder un libro entre las cenizas del desastre. En la novela distópica de George Orwell, Winston Smith hace lo mismo y termina enredado en una trama de poder que lo sobrepasa. X se sirve de la literatura para tejer una apropiación de la metáfora orwelliana, sin que el esfuerzo se note demasiado, sin que existan costuras. Se trata de una Habana irreal, pero real; una ciudad deconstruida no a partir de lo visible, sino de aquellos fundamentos desustanciados. Es la capital de la disolución del tiempo y del espacio que no nos ofrece ya hogar alguno.

Aquí el tema de la distopía se diluye en otro mayor: el de la pregunta. Toda filosofía se erige sobre la base de la duda. Sin la interrogante nada posee materialidad. Y no hablo precisamente de una inmanencia artística, ni de una literalidad poética; sino a partir de la necesidad de indagar una vez más —en clave nacional— en ¿quiénes somos? ¿adónde vamos? ¿de dónde venimos? Tres instantes de una misma referencialidad universal que nos atraviesa como pueblo y que en ocasiones hemos dejado atrás en el fárrago de la supervivencia. Si el arte posee alguna función, si a fin de cuentas lo vamos a ponderar como una actividad humana de vector objetivo; hay que verlo en constante interrelación con la base material de la sociedad. La gente y sus acciones son la sustancia para llevar adelante cualquier interpretación de la vida. Lo distópico tiene sentido en tanto la propia ponderación de la inmanencia —la levedad, diría Kundera— presupone el anhelo de sentir el peso de nosotros mismos.

Lo que se hace en el arte es metaforizar la realidad, no negarla. Quiero decir que se potencian los fundamentos sociales a partir de una referencialidad mayor en el plano de lo simbólico. Esto no niega lo interno, la trascendencia personal. Las serpientes son, a fin de cuentas, seres que se mueven entre una y otra porción: de lo material a lo desustanciado, de lo personal a lo colectivo. Su aparición en la Biblia durante el pasaje archiconocido del Génesis nos habla de un ser que conoce el futuro y regresa para transformarlo a su favor. Esa transmutación, que se vive en clave de catástrofe en las Sagradas Escrituras, en realidad es un mito que expresa una tragedia humana: la verdad nos hace libres, pero la libertad nos arroja al caos.

X Alfonso ha querido apropiarse de ese mundo de referencias y de realidades oblicuas para mostrarnos en su videoclip una versión desustanciada de la ciudad. El espacio urbano vuelve como temática unificadora de su disco Aire y nos dice que allí, en la ruinosa deconstrucción de la trama, perviven las narrativas. Retomo la idea de que esta reunión de piezas antológicas dialoga con la verdad extra-escritural de una manera inusualmente intencionada, como si la elocuencia emanase de una fuente de sentido.

George Orwell no escribió su novela 1984 pensando solamente en el fenómeno del totalitarismo, sino en el ascenso —dentro de las mal llamadas civilizaciones— de una mentalidad única de poder que fuese capaz de aplanar las identidades. De hecho, el mayor castigo dentro de la obra orwelliana no es la muerte, sino el borrado. Peor que la guillotina (instrumento espectacular utilizado precisamente para someter mediante un miedo público) es la desustanciación que desmaterializa y destotaliza un rostro humano. El castigo no es morir, sino desaparecer de una forma mediocre, sin bulla, sin luces, sin telones ni escenario, sin anuncios. Hemos llegado a la era posmoderna de la deconstrucción, la cual opera en el sentido cognoscitivo, pero también en el de la ignorancia y la fuerza. La elección, dentro de Aire, de esta perspectiva, implica un atrevimiento metafórico de altísimo vuelo.

X Alfonso no está haciendo adaptaciones, ni arreglos, sino que edita su realidad desde el arte y se sirve de una lógica caleidoscópica en la cual el pastiche posmoderno implica la reutilización de símbolos y mitos. Por ende, el disco no debe verse solamente en su dimensión material, sino como un intento por trascenderse a sí mismo desde una sustancia que lo aprisiona y lo compele al crecimiento.