Una de las cuestiones que han impuesto las redes sociales y el consumo de música bajo demanda en las plataformas de internet son las colaboraciones entre proyectos que comparten convergencia de públicos. Quienes sepan leer desde el mercado estas oportunidades —y un buen gestor debería poseer esa sabiduría— utiliza tales nichos en materia audiovisual. En este espacio de crítica en Lucas ya hemos hablado acerca de cómo el consumo determina las confluencias. Cumbia de los amigos me lleva de regreso a tal línea de pensamiento, una pieza donde existen dos registros cuyo trabajo en conjunto genera algo digno de destacar.
La Orquesta Failde, fundada en Matanzas en el año 2012, es un conjunto cuya historia relativamente reciente se hunde en las raíces del danzón y rescata tradiciones como el son, el mambo, el chachachá, la timba y el bolero. Funciona como un todo incluido de la sonoridad popular bailable cubana, que vino a refrescar, a partir de la fusión y de los arreglos creativos, un panorama un poco viciado por otros ritmos. La orquesta ha logrado tres nominaciones a los Latin Grammy además de actuar en los escenarios más exigentes del mundo. A sus colaboraciones con grandes figuras como Omara o Silvio, se une ahora esta pieza con La Sonora Dinamita. Esta última es una agrupación de cumbia fundada en Colombia en 1960 por Lucho Argaín y Antonio Fuentes y es conocida mundialmente por ser la embajadora de dicho género musical. De manera que se trata de dos tradiciones, dos visiones del arte en lo popular, dos historias que convergen para resaltar la necesidad de un mismo proyecto.

Ethiel Failde, descendiente de Miguel Failde (el creador del danzón) dirige la parte cubana. Daniela Argaín, hija de Lucho, lidera el lado colombiano. Detrás de la pieza existe un pensamiento dual, una complicidad de registros y de experiencias que se nutre de la raíz dispar, de los contextos caribeños y diversos, de la creación que retoma lo tradicional y lo reinterpreta.
La pieza no posee una proyección audiovisual grandilocuente. Los miembros de ambas agrupaciones bailan, cantan, graban en un estudio y, al final, brindan como amigos. La letra de la canción marca la literalidad del videoclip. Todo está centrado en la música, que es el núcleo duro de esta colaboración. Sin embargo, la pieza tiene una elegancia que se extraña en la producción de hoy, un aire de antaño, de esas sonoridades que abarrotaron escenarios, que reventaron emisoras de radio y se mundializaron, pero que ahora deben compartir espacio en las plataformas de streaming con otros géneros urbanos, otros pensamientos estéticos y formas de entender la industria. Dicho de otra forma: Cumbia de los amigos nos invita a un retorno, uno en el cual volvemos a las raíces caribeñas, a la confluencia cálida de unas aguas que bañan a ambos pueblos y los hacen parte de algo mayor. Se siente la vibración poderosa de los latinos a lo largo de la pieza audiovisual, así como la necesidad de que, aunque se trate de una cumbia clásica en lo formal, pervivan marcas rítmicas que apuntan hacia guiños y fusiones. Cuba y Colombia no solo son las dos orillas de un mar, sino los extremos de una sustancia que vuelve sobre sí misma. No hay nada que sobre, no quedan motivos sueltos en esta pieza. El cierre desde el punto de vista de las referencias culturales es perfecto.
Intuyo que, desde lo comercial, se ha pensado en una operación que capte la diversidad del público meta. Por un lado, hay que realizar una pieza que se comunique con la rítmica bailable de la cumbia (común en la región caribeña sur). Ello lleva a respetar los formatos, a ampliarlos solo en la medida en que su modernización sea una ganancia. Por otro, la producción seguramente estudió el impacto universal de la orquesta cubana, su reciente y rápido éxito y la conexión fundamental con las raíces.
Este es un tema que busca reconectar públicos, jugar con las expectativas de personas que oyen y bailan diferentes sonoridades. Se trata de un experimento poseedor de ese ese riesgo que, si bien no es algo nuevo, siempre trae una dosis de tensión. La Orquesta Failde es versátil y fue una buena elección. La Sonora Dinamita se mueve en el género de la cumbia con soltura y tiene un público fidelizado. En términos de mercadotecnia de la música algo así posee total validez y, además, no crea ningún daño o lastre colateral hacia la creación.
Quizás —y este es mi punto de vista muy humilde— hubiera sido más efectivo un correlato visual menos sobre la base de la literalidad. Apuntar constantemente hacia la idea de la amistad con las mismas imágenes resulta por momentos un recurso monótono que hace que no prestemos atención a algunos planos del video. Sencillamente resultan predecibles. Entiendo que, en términos de mercado, la pieza funciona y que musicalmente cuenta con todos los elementos de una cumbia hecha por una agrupación de maestros. Quizás eso sea suficiente, quizás no. A fin de cuentas, los públicos son quienes, gracias a la bondad de los clics, podrán decidir en las plataformas de consumo. Cumbia de los amigos es una pieza agradable, que se disfruta como parte de la esencia lúdica de la música popular.
Esperemos que por este espacio de crítica desfilen otras propuestas colaborativas de tanta altura y que la facturación de sus videos se salga del molde. También en lo popular puede haber pensamiento, creación y búsqueda. No por masivo debe ser menos exigente, no por estar en la centralidad del consumo ya posee la garantía del éxito. El balance para Cumbia de los amigos es: una pieza bien hecha, con una música impecable de altísima calidad entre dos orquestas con historia, tradición y capacidad de renuevo. Lo demás —la cuestión del mercado, la confluencia de los públicos y el vuelo visual de los planos— es un punto y aparte que sin dudas puede repensarse, pero no constituye demérito alguno. Se trata sencillamente, de exigir más a quien puede y sabe hacerlo mejor.



