Contrapunteo de Varela y Silvio
Para aquellos que siempre hemos vivido con una banda sonora permanente hay autores imprescindibles. Nos acompañaron en etapas de crecimiento. A nivel social, pasa algo parecido, existen voces que conectaron con millones de personas y tradujeron sus sueños. Estoy pensando en fenómenos masivos, pero a la vez en artistas que, sin ser precisamente virales, representan la conciencia de un instante. En el caso de Cuba, hay dos voces que a mi juicio se tocan en esta sustancia semántica, solo que en momentos diferentes y con vectores de sentido contrapuestos: Silvio Rodríguez y Carlos Varela. Ellos dos representan lo más alto de una política cultural con logros, contradicciones, luces, sombras. Más allá de la relación institucional con sus carreras, hoy debemos decir que hay generaciones que siguen conectando con dichas obras. A pesar de que la épica quizás ya no sea la banda sonora de una realidad llena de matices, Silvio continúa marcando con sus temas y hay una generación que lo busca por su poesía y pensamiento. En tiempos de choques, consumo y banalización del mal, Varela funciona como un bucle al que volvemos para entender lo que somos.
