Sueño con serpientes de mar
El video, filmado entre el 6 y el 11 de abril de 2026, comienza con escenas callejeras de La Habana en audio real. Se oyen pregones, el ruido de los carros viejos, niños. Luego el arpegio de la guitarra tocada por Silvio Rodríguez. Entonces Chico Buarque canta: “Sueño con serpientes, con serpientes de mar…” La canción discurre en paralelo con los fotogramas realistas: el tráfico, esquinas, peatones, calles llenas de baches, edificios que aparentan caerse, rostros apurados. Es la crisis cubana. La pieza audiovisual nos trae hasta el presente —y por ende reactualiza— un discurso que no ha muerto, sino que posee un anclaje especial entre nosotros y genera conexiones novísimas. Este clásico de la canción que cuando se compuso aludía mágicamente a un grupo de metáforas; tiene una esencia líquida, capaz de adaptarse a los tiempos. Sonó entonces de una manera y ahora de otra. Todo de la mano de dos grandes maestros de la música que se han unido en tiempos duros. Quizás el arte sirva para restañar las heridas y darnos un bálsamo. De ser así, ya sería suficiente en una era en la cual todo pareciera confuso, distópico, caído.
