Un milagro que arde como fabulosos cohetes amarillos
En 1951 Jack Kerouac escribía en su novela On the road (En el camino) la siguiente frase: “La única gente que me interesa es la que está loca, la gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas”. Dicha obra narra el recorrido por los Estados Unidos de un grupo de poetas de Generación Beat a inicios de los años 50 del siglo XX. El viaje, a pesar de realizarse físicamente a través de las autopistas y de no poseer un destino en específico, recreó la mitología de la traslación hacia dentro, de la búsqueda metafísica. En 1964, otro escritor, Ken Kesey, lideró un recorrido similar junto a más de una decena de artistas de todas las manifestaciones. Hicieron el periplo en autobús, lo pintaron de muchos colores con mangueras de agua, luego sumergieron sus ropas en los ríos y las destiñeron mientras se bañaban o simplemente pasaban el tiempo. Al final, todo terminó con un movimiento contracultural que impactó décadas de arte y de visualidad. En esa idea del viaje se inspiraron los Beatles, concretamente Paul McCartney, para el álbum Magical Mystery Tour, una iniciativa que recogió el legado de aquel movimiento y que dio pie a grandes clásicos de la música como The fool on the hill.
