Metáfora de la oscuridad

Se fue la luz es un video de este tiempo. Comienza con un reporte en la televisión cubana acerca del habitual déficit de generación eléctrica que en los últimos cinco años ha venido in crescendo hasta afectar prácticamente todas las actividades normales. Acto seguido, Wampi rompe la pantalla con un pico. Allí se inicia la música. En paralelo, las imágenes muestran un asalto en la oscuridad. En primer plano aparecen fajos de billetes iluminados en verde. Varios haces de linterna funcionan como los únicos focos que, mediante el caos, van mostrando el movimiento del cantante en cámara. La crónica social utiliza estos significantes mediante una contaminación por ósmosis entre un plano narrativo y otro.

Sin dudas, Wampi está aprovechando un territorio de lectura oblicua como el videoclip para contar una realidad. Desde el local precario donde está el televisor se pasa a una mansión a oscuras llena de obras de arte. Los asaltantes se mezclan con las sombras, acceden al dinero y se producen escenas de violencia. El verde marca cada uno de los planos. ¿Estamos ante un asalto real? Se usa una parábola incompleta para que el público determine hacia dónde va el discurso. No se cierra el cráter narrativo y se nos deja en la estacada para que nosotros, los que consumimos, jerarquicemos el suceso comunicacional a partir de los símbolos que tengamos a la mano. Esta visión inteligente del reparto se aparta de los sitios habituales y nos arroja en el terreno de la porosidad narrativa. No solo hay una escena postapocalíptica que nace del apagón, sino que la proyección lumínica dibuja posibles desastres mayores. El verde es el color de la esperanza, pero también darle luz verde a algo puede resultar devastador. Hay una recurrencia al territorio simbólico del dólar, la violencia, el poder.

La poética del caos nos lleva hasta una lectura distópica de la realidad. La única luz que se observa a lo largo del video es precisamente la de los reflectores. No existe una iluminación uniforme, constante, evidente. En su lugar, el espectador recibe la marca de un escenario en el cual las sombras reinan. El apagón sirve de pretexto para presentarnos algo más siniestro: la caída del orden, la recurrencia al delito, la desestructuración como consecuencia. Wampi está trazando una advertencia metafórica: nos dice que la oscuridad nunca es buena compañera. La luz deja de ser un objeto, para convertirse en el sujeto que ilumina la obra desde su ausencia. Está presente en tanto se la nombra en el vacío.

Quizás quien lea esta crítica dirá que realizo una sobreinterpretación, pero si miramos bien el género del reparto y la obra de Wampi, veremos el interés por la crónica social, el periodismo narrativo que opera desde la música y posee en el videoclip su sustancia. No nos habla de cosas banales, ni mundanas, no hay un apagón gratuito, la crítica no opera desde la superficie. Las referencias van desde lo particular a lo universal a partir de una estructura inteligente de significantes. Pero sin el pretexto de Wampi, sin esa poética que conduce al caos, no sería posible servirnos de los símbolos esenciales. Hay un panorama oscuro que a ratos nos muestra su luz. En ese sentido, el videoclip opera como una cápsula audiovisual capaz de atrapar no solo el discurso evidente de la canción, sino un contexto más amplio, mucho más allá de lo hechológico en tanto materialidad artística.

¿Puede el reparto contar todo esto? Dudarlo ya es ofensivo, excluyente y simplificador. Por supuesto que el género es capaz de sumergirse en las honduras de un debate y sacar sus propios destellos. No podemos subvalorar a quienes hacen una música a ratos complicada y reñida con los estamentos, por momentos fuera de sintonía y hasta extemporánea y rebelde. Su germen sobresale y nos recuerda que está ahí. Es excelente que Wampi no se deje atrapar por lo fácil y mantenga el nexo con su base a partir del uso del videoclip como vehículo de arte. Más que nada, porque esta voz ha demostrado cómo —meteóricamente— se puede hacer una carrera sin un discurso que doble la cerviz ante el mercado ni los poderes seculares.

En este videoclip la luz que se va no solo es la del Sistema Electroenergético, pero eso lo dejamos de tarea para el público lector. Tenemos claro que a Wampi le interesan las reflexiones, las verdades incómodas, los márgenes. En esta pieza, la violencia puede apuntar hacia algo mayor. Sentimos que todo el tiempo los símbolos operan con la fuerza de una amenaza. La luz, entonces, es la salvación ausente, ese bien que no llega y que añoramos en cada plano. La atmósfera opresiva contribuye a que sintamos la necesidad de salirnos de ahí. La claustrofobia nos aplasta, va cerrando el paso de un pensamiento y un sentir humanos. Es una distopía audiovisual de color verde que nos invita a bailar a la manera de una danza macabra.

Sin que haya necesidad de sobredimensionar la pieza, puedo decir que este tipo de obras podrá establecer la posibilidad de un género mucho más maduro, cuestionador, capaz de aglutinar el pensamiento colectivo y darle forma. Si el arte merece algún tipo de lugar en mundo, sería siempre como oportunidad para ser auténticos.

En Se fue la luz hay todo menos luz física. Esa termina siendo un mensaje en una pantalla rota, el gesto consecuente de quien ha decidido romper un pacto de silencio y mencionar mediante su arte la vivencia real y tangible. Ahí, en los silencios, está el cráter que nos sigue hablando más allá de los minutos del videoclip. Una elocuencia que se construye con oscuridad y donde la iluminación nace de nosotros.