Dos voces: una Habana multiplicada desde una única mirada creativa

La Habana, desde antaño, ha atraído la atención de artistas de distintas expresiones artísticas; desde la literatura, las artes escénicas, la plástica, el cine… la reconocida ciudad de las columnas ha sido protagonista, antagonista, espacio referencial y vivencial de hechos singulares. El videoclip no es la excepción. Sus calles, edificaciones, personajes locales, historias registradas como parte del imaginario popular han servido de centro contextual o, simplemente, asidero para que, ella misma, cuente su historia.

Desde el filinero por excelencia, César Portillo de la Luz, que la nombró como “su negra bonita con ojos de estrellas”, pasando por Carlos Varela a quien “bastaba una canción para devolverle todo lo que el tiempo le quitó”, hasta las “sábanas blancas colgadas en los balcones” que nadie describió con la belleza de Gerardo Alfonso, el malecón, el Prado, hasta sus playas han creado relaciones empáticas con los receptores de las muestras artísticas en las que ha sido descrita, tal es así que —de manera casi espontánea— se ha creado una poética entre ella y quienes la incorporan como parte de su existencia.

Muchos han llegado a personalizarla, otros la mantienen como sujeto activo de una percepción que tras el ojo de la cámara adquiere tantos matices como miradas inquietantes la seducen.

En lo que va de ciclo 2026 de Lucas, La Habana ha llegado de la mano de un mismo realizador y de dos intérpretes con propuestas estéticas totalmente diferentes. El realizador es Felo, los cantantes, Raúl Paz, con el tema “Habana” y el otro, Jotabarrioz que, a modo de guiño bolerístico-filinero, nombró a su canción,”Negra”.

Dos propuestas que plasman una Habana alejada de las postales turísticas y las poses edulcoradas, en su lugar cobra vida una ciudad que duele y calla, y este último elemento lo denota el uso reiterado de determinados planos que parecen fijos, en consonancia con la inamovilidad y reiteración de un tipo de sujeto, así como con la humildad de determinados espacios, por amplios que puedan parecer.

Dos temas que únicamente se igualan en el hecho de apelar a lo sugerido, en tanto privilegian lo emotivo, lo personalizado, por encima de las convenciones. Se trata de dos canciones no politizadas y, sí, muy humanizadas en tanto cada protagonista desde un yo universal muestra una percepción de una Habana, que, como realidad multiplicada, duele.

Regrseamos, entonces, a al uso de una primera persona equiciente que narra cual cámara.

La “Habana” de Raúl Paúz, bajo el pretexto del apagón como elemento cargado de simbolismo perpetúa una poética de un silencio que apuesta por la resiliencia. La atmósfera escenográfica del mundo que representa está lleno de elementos que redundan en un pasado como respuesta o aliciente del presente, entre ellos símbolos patrios, fotos, imágenes santorales, entre las que no puede faltar la virgen de la Caridad del Cobre, patrona nacional, viejos discos, objetos todos que acentúan la existencia de una Habana detenida en el tiempo que como bien expresa la canción, es el escenario “donde la vida se fuma” o lo que es igual se desvanece ante la espera de que se apaguen los únicos elementos de luz existentes: las bombillas exteriores, son ellas las que denotan la única iluminación en un interior personal signado por la espera.

Nuevamente el uso de rostros comunes, pacientes, nunca en postura de acción constituyen la apoyatura extra dentro de un video en el que el elemento espacialidad (interior, cerrado) resulta personaje resulta coprotagonista en medio de la estática narración tempo-espacial.

Todo lo contrario ocurre en “Negra”. En este tema Felo y Jotabarrioz decidieron transitar por parte importante de la Habana Vieja, otra vez la añeja urbe sin afeites. El apagón no aparece en esta oportunidad en términos físicos sino explícitamente emocionales, en tanto se trabaja con una luz natural que enfoca y desenfoca en dependencia del énfaisis en la soledad que intensifica el autor del tema.

Otra vez Jotabarrioz elige andar cerca del mar, y este elemento también desde una percepción y tratamiento simbólico deja negadas desde su sensación de inmensidad cualquier respuesta personal.

En esta oportunidad el intérprete, a su vez narrador omnisciente de la historia, sí interactúa con sus iguales, comparte con ellos espacios comunes, de modo que su decir se torna menos reflexión introspectiva que el video anterior.

Dos propuestas de aprehender La Habana en el presente ciclo de Lucas, en una prima la visión más inmóvil de este escenario vivencial; en la otra la percepción más abrazada de un escenario que duele por “tantas heridas no le queda maquillaje”; tal y como lo expresa el texto. En ambas una nostalgia que se traduce en un sollozo interior que se logra por una delicada y detallada fotografía que se convierte en una voz autoral otra. A ello se suma un uso de luces y sombras en el caso de “Habana” y un declinar de la iluminación en el video “Negra”, definitivamente dos modos de asumir una Habana multiplicada desde la mirada creativa de un mismo autor y dos intérpretes.