El video clip es un género híbrido, se mueve en las corrientes del mercado y puede usarlas a su favor con inteligencia y sentido de la estética. Desde hace años, hemos visto cómo con el ascenso del reparto esa cualidad del audiovisual se potencia hasta llegar a resultados remarcables en algunos casos. La visualización de la obra Todo se supera de Melanie Santiler y Velito el Bufón me resitúa en ese escenario: por un lado la promoción del mercado, por otro la hibridación cultural, el uso de ritmos y registros visuales que con acierto nos conducen a un producto que no aspira a un vuelo simbólico más allá de lo que normaliza el reparto, pero sí bien colocado, hecho a la medida de los gustos masivos sin perder el equilibrio y la apuesta por lo latino, lo propio.
Así definiría este video clip: equilibrado. No es excesivamente bizarro en la letra de la canción, no posee parajes comunes —si bien tampoco innova en ese sentido—, no se separa del reparto, ni se asume elitista. Es una pieza que nos habla sobre la capacidad humana de colocarnos por encima de las adversidades y hacer lo que toca con dignidad, seguir adelante, vivir. Precisamente la primera escena de la historia es un presentador que anuncia el número musical de la noche y que nos deja en suspenso. Ese punto da paso a la pareja de cantantes que conversa con despreocupación en un set, sin que les interese que el show acaba de empezar. Aquí hay un contrapunto inteligente, ¿se nos está diciendo que la vida es como un programa, un montaje que debe detenerse para ser diseccionado?, ¿quizás todo es transitorio? El presentador se queda en una esquina contrariado mientras el video sigue su curso. Los utileros desmontan el set y emerge la historia real. «La vida que tú te inventas a nadie le va a importar», esta frase encierra el esquema de pensamiento de la pieza y por eso se trata de una apuesta crítica, una reflexión sobre la banalidad del medio artístico y una movida hacia la toma de conciencia sobre qué es lo auténtico y qué no lo es.
El uso del argot callejero a manera de gancho deja de ser una alusión meramente sexual para transformarse en un recurso dentro del registro del reparto. Es la manera en la cual se comunica determinado sentimiento en el lenguaje del género. Si trascendemos esa porción de la pieza, vemos que en realidad se está hablando acerca de la posibilidad de hacer una obra en firme, por el propio talento, sin que medien relaciones espurias, elementos alienadores o cosificación. Traducir todo eso en este texto no añade sentido a la pieza, la esclarece y la recoloca en un plano semántico en el cual nos es mucho más digerible el mensaje ético de la obra. De ahí el pasaje que reza: «Tú no eras para siempre/Tú eres una pieza cualquiera/Tu palo no me sirve/Quedaste en lista de espera». O sea, la recurrencia a estas palabras, giros idiomáticos, performances callejeros es imprescindible y funciona como una serie de licencias poéticas dentro del reparto. No pudiéramos acercarnos críticamente a estas piezas si las moralizamos desde afuera. Hay allí la necesidad de un punto de vista desprejuiciado que analice, que reposicione el lenguaje alejado de toda mensura fundada en la externalización. Lo sexual no es solo eso, es en cierta medida una política del cuerpo que usa la sensualidad para expresar relaciones de poder liberadoras por encima del mercado, precisamente para salirnos del set de la vida y aceptarla en su cualidad pura, auténtica.
El rejuego entre lo visual y la letra en este video es inteligente y por eso el guionista le añade capas de sentido a la canción con cada una de las escenas y planos. Un acierto que nos lleva a analizar la pieza como un producto logrado, que puede considerarse un exponente fresco y que agradecemos en el panorama de un género repleto de lugares comunes y de fórmulas que vendieron una vez, pero ya crean el efecto contrario. El reparto no tiene que ser lo mismo, ni por qué resumirse en el alcance de los views. Este video nos lo está dejando caer en el subtexto.
Contradictoriamente, a lo largo de la pieza vemos la presencia de la cerveza Belga Star como marca, pero ello se lleva adelante con mesura. No es la publicidad barata que nos abruma, sino que aparece de manera reiterada a partir de un propio ritmo visual de la pieza. Incluso no nos molesta, no queda como un añadido. Esto no le cuelga a la obra como un apéndice, sino que se usa como contrapunto irónico cuando se habla acerca del carácter lúdico del arte, de hacerlo porque nos da placer y nos distingue y constituye una manifestación preclara de lo que somos. De ahí el fragmento que dice: «Yo voa seguir peago/Y tú llorando como quiera», una especie de mantra que en su lenguaje repartero nos acerca a las nociones de éxito —de realización— que existen en el género. Todo se supera es el reclamo que aborda la necesidad de trascender desde la obra, desde la sencillez y la acción; más allá de los discursos, la fama, la visualidad vacía. En su código existe una crítica velada al mundo superficial de las redes sociales que aparentemente es el único medidor de una propuesta a partir de los likes y del alcance en el algoritmo. Más allá de eso, esta canción nos dice que cuando las cámaras se apagan y el podcast termina, todo es falso, todo es montaje. En esta vanidad de vanidades que es el mercado musical, un mensaje como este, en el cual además hay incluida publicidad, es un tour de forcé.
Pero no hay que exagerar, Todo se supera no es un tratado de filosofía, ni un libro de autoayuda, no llora sobre lo mojado, no se lamenta, ni se victimiza. Como reparto al fin, lo que trata de lograrse es esa alegría contagiosa de las fiestas en Cuba en la cual se baila con delirio. Si bien el inicio de la pieza posee la melancolía propia de los boleros, el cambio de registro musical nos mueve hacia otra realidad referencial. No podemos perder de vista que lo lúdico aquí genera esa sensualidad báquica que canta al placer, a la belleza de vivir y lo hace además sin los frenos morales cotidianos. El reparto posee como elemento central que desnuda toda metáfora y nos muestra el drama cotidiano de las personas en su esencia. Esto incluye tanto la forma como el contenido. Divertirse es parte del registro, pasarla bien, nunca loar la tristeza o la pérdida.
El final del video clip vuelve a la realidad del set de televisión en el cual se le va a realizar una entrevista a los cantantes. Aquí hay a la vez una parábola donde se nos dibujan vertientes de sentido. Las redes sociales y la verdad tangible chocan con la posibilidad del artista de hacer su obra sin distanciarse de sí mismo. El set nos reposiciona en lo real, pero nos recuerda que lo virtual también existe y que impacta nuestras percepciones. Las risas despreocupadas de los cantantes y del presentador que se tiran selfies en un sofá nos dice que lo importante —en todo caso— no está en el éxito, sino en la socialización de nuestras verdaderas identidades. El mercado, si bien sobrevuela las carreras de los artistas, no es la centralidad, ocupa un trasfondo, posee una esquina del show, pero no los desplaza. Al menos esa es la aspiración. El mensaje se mantiene intacto, potente y por eso Todo se supera es una pieza de reparto que vale la pena escuchar, colocar en las listas y definirla como algo que moldea ese estereotipo y le da otra visualidad tanto en la forma como el contenido. Porque el consumo se educa y se hace a partir del uso eficiente de los recursos y los códigos.
Quizás el gran acierto de esta pieza que se ha colocado en la lista de los diez de Lucas —por detrás, pero siguiendo de cerca a referentes del reparto ya estatuidos— es que nos ofrece algo adicional. Y eso consiste en el mensaje alejado de las fórmulas del éxito con tufo liberal, de índole individualista, que hemos visto con hartazgo. No hay aquí un abuso de la IA, no se aplica un ambiente ostentoso, de fiestas y abundancia, de autos de lujo y celulares de alta gama; al contrario, se hace referencia a los likes y por extensión a las redes sociales como a submundos donde se premia lo inauténtico, donde existen «palos que no sirven» parodiando el espíritu de la letra. Lejos de lo banal y pasajero, la pieza posee una estructura circular que termina en el comienzo, en el set, en la conversación y la ruptura de la falsa realidad. La parábola del guion es elocuente y el cierre conduce a reposicionar los conceptos que a lo largo de la pieza han sido la sustancia de este reparto que respeta los cánones del género, pero que propone un consumo diferente, uno que nos aparte de lo que ya muchos rechazamos.
El reparto es una realidad en el consumo cultural. Su ritmo responde a las urgencias humanas de un sector amplio de la gente y a su filosofía de ver el mundo. Adentrarnos en ese género no tiene por qué ser un ejercicio en el cual apostemos por derribarlo, al contrario, la comprensión parte de entender a qué responden los símbolos y su recepción coherente por los públicos. Es por eso que el análisis de esta pieza nos debe llevar a la reflexión de que es posible que —mediante el audiovisual— se le añadan capas de sentido que coadyuven a que el género alcance mayor brillo en cuanto a su sustancia conceptual. Un tratamiento diferente del reparto, alejado del padrinazgo permisivo, pero también de la condena perenne, pudiera ser beneficioso en términos de formación de los gustos masivos y de conducirlos por vertientes en las cuales hallemos fusiones enriquecedoras como el bolero del inicio de esta canción.



