Sensualidad y fusión en un club de La Habana nocturna

Viendo el video Házmelo mujer de Ya Ice Dilan con la dirección de Freddy Loons y producido por Roberto Ferrante, recuerdo escenas de películas y obras literarias sobre la Cuba de inicios del siglo XX. Hay una narrativa que reutiliza la letra de la canción y la recoloca en un plano visual y semántico. A partir de un tema minimalista, pero con las pautas del género urbano hibridadas hacia otras sonoridades, el material nos propone un acercamiento al mundo del hampa cubano de aquellos años. Ese tono vintage —absolutamente válido para posicionar un videoclip del tipo que sea— nos permite mirar hacia el reparto/fusión desde un ángulo más reflexivo.

Sin dudas, la industria determina las transformaciones de un género que parecía petrificado en una sola forma de hacer y, aunque persisten figuras que ganan el éxito mediante fórmulas ya agotadas, el reparto demuestra cómo puede vivir a partir del trabajo musical, artístico, incluso mediante el pensamiento y la búsqueda de épocas. En este video siento la presencia de una atmósfera nostálgica, la de los clubes nocturnos de una Habana del pasado. Esa que describiera en sus novelas Guillermo Cabrera Infante y que se deshacía en humo, hedonismo y lujuria. De hecho, el propio título de este videoclip alude de alguna manera a aquellos significantes. La construcción de un espacio visual sobre la base de vestuarios, gestos, muebles, decoración, nos habla del interés de la producción del material por un tono que nos aleje de las visualidades mercadotécnicas del reparto más habituales: el auto de lujo, la mujer que baila sensual y la ostentación material como símbolo de éxito y poderío. En las variaciones de las narrativas está en gran medida la evolución del reparto/fusión como una etiqueta legítima en el mundo del arte, que ya está facturando carreras y nombres.

La Habana como un sitio de infantes difuntos, como un cementerio de nostalgias, un lugar de historias fantasmales que reaparecen con el humo de un club nocturno, junto a una botella de ron añejo. Ese es el proceso visual mediante el cual se construye la narrativa de Házmelo mujer. Esa ciudad en la cual no hay ruinas, sino un lujo raro, desaparecido, de antaño. Pareciera que la producción del videoclip quisiera decirnos que, detrás de un género como el reparto, existe todo aquel legado cultural y musical, toda esa evolución de la música popular bailable. Inteligente discurso que reaviva el debate sobre las bases del reparto y las conexiones que pueden existir en el magma de la creación cuando hablamos de raíces populares.

Házmelo mujer posee desde su propia letra un mundo sensual que queda en la alusión, se evita en todo momento la literalidad y eso es otra ganancia de la producción del reparto en estos tiempos. Frente a la presencia gráfica y directa de elementos sexuales en las letras de figuras de éxito, el pensamiento más reciente apuesta por lo indirecto, el lenguaje figurado, la imaginación. Hay marcas evolutivas que son necesarias y que la crítica tiene el deber de resaltar. No se está descubriendo el agua tibia, pero sí desentrañando quizás cómo el género urbano se exige a sí mismo, cambia y se mueve hacia otra cosa sin abandonar sus públicos y esencias.

Este video no es algo extraordinario, ni siquiera resalta o busca la originalidad. No es su horizonte. Sigue siendo una canción sobre amor, sensualidad, desencuentros. En los minutos finales, se produce una reyerta en el club nocturno que nos recuerda las que ocurrieron tantas veces en aquella ciudad de la mafia y el lujo. Sin embargo, se trata de una obra que representa bien el cambio narrativo en el reparto/fusión y se inscribe en la proposición de un nuevo escenario para un género que crea mercado y abre posibilidades, carreras, exposición. No hay una conexión cruda con los tópicos habituales, sino una mirada distante, que los refresca, los actualiza y les otorga otro peso. Ferrante sabe cómo llevar el reparto hacia la industria, cómo transformar lo que existe y darle otra dimensión y potabilidad. La maestría de Freddy Loons se evidencia una vez más en la elección de la narrativa y su desarrollo a partir de los recursos esenciales. Hay una fotografía que se fundamenta en el uso equilibrado de los planos y la recurrencia al color como marca temporal y atmósfera emotiva. Pervive una nostalgia que va marcando —junto al ritmo de la canción— el apego por un reparto más íntimo, cercano a la balada, incluso a géneros de antaño que son traídos y puestos otra vez en boga.

La canción tiene algo de salsa, de timba, de blues, de cumbia, de reggae; recurre al ambiente del bolero y del feeling. Pero es sobre todo, un tema cubano, que no tiene vergüenza de reivindicarnos como crisol cultural. Un país caluroso, en el cual el sol, la cotidianidad y la música conforman un imaginario indeleble a pesar de las sucesivas crisis. Cuando se unen personas de talento, el reparto/fusión brilla y puede reposicionarse como una narrativa valiente y poderosa. Sin dudas, el género está en una curva evolutiva por su contacto con públicos exigentes y con una élite de la industria que sabe sostener un pensamiento complejo en torno al arte.

Házmelo mujer no va a estar en la historia como algo sobresaliente, pero posee una factura técnica y de calidad intachable. Contribuye, eso sí, a la creación de otros tantos caminos para la música popular. Es una pieza que gusta, con una sonoridad bien trabajada, con una madurez profesional. No se trata de algo solamente concebido para los likes en las redes sociales. Esa responsabilidad en la realización es también algo que ha hecho evolucionar a este género. Ya Ice Dilan se posiciona así como una voz en este tipo de formato y marca, a la vez, una manera de hacer que no se adentra totalmente en el canon. El uso de los elementos híbridos, la recurrencia a narrativas distanciadas, el trabajo con la poesía visual y de época; son procesos de mestizaje estilístico que salvan cualquier tipo de ingenuidad y nos ofrecen un espacio estético válido, en el cual el género urbano posee sin duda alguna un ADN de fortaleza.

Habrá que seguir analizando desde la crítica estos procedimientos de realización en los cuales el resultado, por lo general, es un producto de muchas caras, cada una de las cuales pertenece a una lógica enriquecedora. Sin que nos gane el optimismo ciego, confío en la forma en que las propias redes y la industria están moldeando las lógicas y el pensamiento de un formato que aún puede mostrar mucho más.