Mikaela remix en videoclip: diferente pero igual

“Mikaela”, pieza musical de Ricardo Leyva y Sur Caribe regresa a la sonoridad de Lucas para colocarse en el Lucasnómetro, ahora a la manera del afrohouse y a dúo con Yomil. El videoclip dirigido por Adrián y Julio Martínez fue grabado en el Hotel Gran Aston de La Habana y demuestra cómo la música urbana es capaz de fusionarse sin contaminar los géneros, puede fundirse armónicamente con otros ritmos si se hace con creatividad.

Con una mirada desde la altura en un plano general de La Habana comienza este audiovisual que apuesta por el discurso grupal festivo donde la orquesta y los bailadores conviven. Esta fórmula es archiconocida en el videoclip. Los ejemplos muchísimos: “Una cosita”; de Charly & Yohayron; “Fiestando”, de la agrupación Gitanos; “Cepillo y Pasta”, de Maikel Blanco y su Salsa Mayor…La mayoría de estas propuestas videográficas tienen en común el trabajo con gran cantidad de personas, la fuerza expresiva de la espontaneidad (sea construida o real) y la agrupación o intérprete como protagonista. En el caso de “Mikaela” no es diferente. Esa alegría de la conga se orquesta en torno a un grupo grande de bailadores que mientras se graba el clip, bailan, corean el tema y beben.

En el plano creativo de la producción resulta interesante el diseño de vestuario donde la mayoría es blanco o en tonos claros, lo cual impregna los planos de luminosidad y limpieza fotográfica. Es posible advertir la espontaneidad de las acciones, aunque hay signos que llevan en sí mismos una intencionalidad discursiva fuerte: el tabaco en la boca de una de las bailadoras, así como las cervezas en copas y latas son modos de representación de lo cubano, y particularmente, del espíritu santiaguero.

A mi juicio, el videoclip pudo haber apostado por una representación menos convencional de lo que significa una conga; una pieza musical que por demás ya tiene una popularidad que le precede. Los acomodamientos creativos no son sanos en ninguna de las artes o manifestaciones artísticas; mucho menos en el videoclip cuya hibridez permite la exploración constante.

En “Mikaela” el videoclip se afianza en su función publicitaria, tanto de los intérpretes como de las locaciones, pues hay cierto matiz turístico que se lee en ese primer plano general de La Habana. Mientras tanto y a modo de cierre con final abierto, pienso en voz alta sobre la manera de presentar en video este corte musical ¿Y si Mikaela fuera un personaje animado? ¿Y si se hubiese construido una narración en torno a lo que une a ambos géneros musicales? Seguro el resultado sería otro.