El cielo parece estar a punto de caer

No hay dudas de que el videoclip posee en su ADN la posibilidad de decir mucho con poco. Es un género híbrido que opera por filtrado de sentido. La elipsis genera ósmosis de significados y contamina el subtexto a partir de un ánimo que, sin ser dicho, se siente como parte del momento de consumo. Recibo exactamente eso cuando escucho el tema “Delirando” de Vicente Trigo. Se trata de una rumba compuesta con lo elemental en dicho género: la voz del cantante, la letra como un rezo, una nostalgia que se sabe construir a sí misma mediante símbolos sonoros y visuales.

La pieza me lleva a lo mejor del videoclip cubano de décadas pasadas. Se desmarca de la tendencia alienante y mercantil en exceso, pero a la vez de la literalidad que suele hallarse en otra porción del audiovisual. Ni banalidad, ni llover sobre lo mojado, sino una dirección artística bien concebida que se mueve según su propio objetivo. Quienes vean el video no hallarán un solo discurso, por el contrario tendrán que participar como consumidores en la cocreación del sentido —y del sentimiento— que nos legan los pocos minutos. Casi con la rapidez de un relámpago, aparecen la bandera cubana, un bongó sobre el cual llueve, un solar, el malecón de La Habana y —sobre todo— el cielo, un cielo plomizo, limpio, pero cargado, que pareciera estar a punto de caer. Vicente Trigo nos traza el camino a seguir sin decirnos cuál de las tantas tesis potenciales se debe asumir. Para algunos el temblor y el delirio serán símbolos de una fiebre: un síntoma de una enfermedad. Otros se irán por la literalidad y quizás quieran inferir que estamos hablando meramente sobre formas y elementos naturales. En todo caso, lo que la pieza deja en claro es un juego constante con la cubanidad en crisis y un país incapaz de aprisionarse en lugares estancos.

La recurrencia a la bandera transformada en un destello de color blanco y negro no es casual. No digo que este recurso sea algo nuevo —de hecho resulta manido si se quiere—, sino que en el video se utiliza con efectividad y nos ofrece un panorama semántico sobre el cual poder pintar lo que cada uno recibe. Cuba no reside aquí en el triunfalismo ni en la derrota, sino en la interrogante. No estamos escuchando una rumba que nos compele a dinámicas dicotómicas harto recicladas. Ese tejido de la pregunta es lo que me produce las mejores sensaciones. ¿Acaso se refiere a la patria o quizás a algo más profundo? Cada uno posee su noción de país, no existe un relato único por mucho que se haya querido imponer en diferentes etapas una univocidad. Lo uno no define lo real, sino lo múltiple. Si lo normal es que las manos hagan sonar un bongó, aquí hay una nota surreal cuando vemos que la lluvia es quien lo hace. Esa personificación de lo telúrico acompaña a la pieza hasta el final y transcurre más como una marca discursiva que como una mera visión de estilo.

“Delirando” rehúye de la literalidad desde el momento en que declara como delirio cualquier acto de lucidez. Digo esto porque lo que vemos a lo largo de la pieza es una disertación racional y coherente, profunda, que vertebra las piezas de un ser nacional complejo y dialéctico. Muy fácil hubiera sido colocar ahí varios significantes del Apocalipsis y hablar de redención o —en el otro extremo— apologizar lo que existe y declararlo sacro e intocable. Muy al contrario, la propia correlación entre el sonido y el montaje de planos nos dice que el autor no teme a los debates. Incluso, los puede reutilizar sin complejos si para ello debe llegar hasta un punto especifico del discurso. La referencialidad pervive sin que las marcas de otros extremos sean borradas del espectro de pensamiento, más bien se las recicla como parte de una jerga cuya eficiencia queda evidente. Vicente Trigo sabe usar a su favor el discurso y mostrarlo desde un ángulo cuya honestidad borra cualquier pretensión de novedad aspiracional.

Hay un punto en el cual el video se queda como en un bucle que se define entre el estribillo, el cielo y la bandera. Creo que ahí hay tres elementos que sirven de puntos de apoyo para defender una tesis filtrada, en elipsis y, por ende, que se siente con mayor fuerza para aquellos que sean avezados en la deconstrucción. ¿Qué va a ocurrir con ese cielo gris? Las respuestas no son unívocas. El hecho de que no se le dé color en ningún momento apunta hacia una tonalidad semántica más que estilística. Si bien el tejido de la pieza es polisémico, su vector de sentido apunta con certeza. Creo que la trilogía de símbolos que surge en los momentos finales, esos segundos definitorios, nos dice que el video aspira a una batalla que no se define en los sentidos nimios y predominantes de la producción audiovisual de estos tiempos. Sin ir muy lejos, “Delirando” no plantea una visualidad original, ni de ruptura, no usa recursos que metaforicen una realidad hasta hacerla irreconocible, no ironiza, sino que eleva su discurso hasta hacerlo grandilocuente y ahí lo deja.

Este tipo de piezas no se mueven en el mismo vector que el resto y son también necesarias como narrativas deconstructivas de una verdad que pareciera inabarcable o sobredicha. Los conceptos de país, patria, nación no son sinónimos, sino territorios en disputa que pueden mover su sustancia hacia otros horizontes. Si la materia artística así lo determina, toda instancia es susceptible de ser metaforizada. Tratamos aquí con un terreno de arenas movedizas donde el autor prefiere la oblicuidad del videoclip, lo cual le permite decirlo todo mediante un cuidadoso filtrado. Quizás, si colocamos la aparición de la pieza en contexto, hallamos otras luces que lo evidencien, pero eso es materia de análisis discursivos que conllevan un acercamiento más categorial.

Por lo pronto, “Delirando” se disfruta con la agonía de un aguacero que no acaba de caer y que, sin embargo, deja flotando esa sensación de tormenta.