Otra película más, con final abierto

Autor Isely Ravelo Rojas

Mamacita, videoclip de Alex Duvall y bajo la dirección de Alejandro Albuernes y Carlitos es un estreno de Lucas que bien valdría reseñar. Pero, antes de entrar en el clip me gustaría apuntar algunos valores destacables de la pieza musical pues toda obra videográfica se enriquece, doblemente, si selecciona un corte sonoro de calidad.

Resulta llamativa la orquestación de esta pieza musical: un solo de trompeta abre las puertas a una sonoridad que bebe de la música latina. Dicho protagonismo de este instrumento de viento se mantendrá a lo largo de toda la pista. El corte en su arreglo, no esconde los guiños a la música de Ricky Martin, sin desligarse de la fuerza rítmica cubana. El piano es otro que se hace notar, una descarga a la manera jazzística le reserva un espacio a mitad del tema. Mas, esa riqueza y espontaneidad de la obra musical genera un contrapunteo con el modo de representación videográfico, donde cada acción, personaje y desplazamiento está milimétricamente pautado; en la dramaturgia del clip no hay margen para la improvisación.

Producido por Spacekidvi, el videoclip asienta su narrativa sobre la base del lujo, los escenarios ostentosos (autos, hotel, fiesta) y una dramaturgia que no aspira a la experimentación o a las nuevas búsquedas artísticas. La propuesta traspola los codigos del cine al videoclip sin grandes sorpresas: la fórmula conocida de dos hombres en disputa por la misma mujer, violencia mediante para raptarla a ella en medio de una fiesta, una carrera en autopista al mejor estilo Rápido y furioso. Y para cerrar con el modelo conocido, el vencedor novio o amante tiene un accidente tras el choque de su carro. En ese escenario fatal ella entra a la fuerza a otro vehículo sin poder ver ni despedirse del hombre. Un cartel «to be continued» le asegura al espectador que el filme (ahora en modalidad videoclip) no acaba ahí. Es la persona que visualiza el clip quien debe completar los espacios de significado y sentido que ha dejado abiertos el audiovisual, terrenos en blanco que insitan a la participación activa de quien mira.

Esa traslación del cine al video musical se logra mediante elipsis, la aceleración de acciones y el dinamismo interno de la pieza audiovisual, capaz de condensar la historia narrada en apenas tres minutos. Curioso y a la vez contraproducente resulta el hecho de que al presentar en los títulos a los directores del video, utilizan el francés «c’est un film… et…», sin embargo, al concluir el clip se lee «to be continued», esta dualidad en el plano de los códigos gráficos puede ser intencional, aludiendo a dos grandes potencias cinematográficas: Francia y Estados Unidos, e incluso, puede pasar inadvertida a la vista del espectador; sin embargo, en el plano del significado genera disonancia. ¿En qué país buscan los realizadores situar la historia: Francia, Estados Unidos, Cuba o prefieren explorar el terreno ambigüo en lo espacial? En este punto, vale recalcar que es un clip en español, con un visible apego a la sonoridad caribeña y latina. Entonces, ¿Se busca la transnacionalidad con esos referentes trilingües? Preguntas, que como el propio final del video quedarán abiertas.

Planos que se repiten y resaltan la figura del cantante-personaje, fotografía cuidada pero que no toma riesgos, vestuario ajustado al estereotipo del gentelman y una historia contada mil veces, hacen que este videoclip no deje huella como para ser recordado. Eso sí, su fórmula narrativa funciona y tiene un público, yo diría numeroso, ya está probado. Mas no por ello deja de ser otra película más, con final abierto.