El videoclip «Tu pedacito de cielo», de Sada y dirigido por Felo propone contar una historia de amor con la Habana como telón de fondo. La protagonista intérprete camina la ciudad, la descubre, baila, interactúa con su pareja teniendo a la ciudad como cómplice.
La pieza audiovisual se inscribe dentro de un grupo mayor de obras en el que la capital muestra su lado fotogénico, callejero, popular y cotidiano, e incluso todos a la vez. En ese conjunto pueden mencionarse, entre otros, clips como «Sábanas blancas», de Gerardo Alfonso, «Así no», y «Gente», de Raúl Paz.

En este caso, Sada y Felo se unen para articular una narrativa audiovisual fresca donde la propuesta bebe del documental callejero, de la danza y el rol del vestuario como recursos expresivos, además de cierto enfoque turístico publicitario del que La Habana, rara vez, escapa en los audiovisuales, con independencia de su género: video musical, cine, telenovelas y piezas para televisión.
En «Tu pedacito de cielo» llama la atención cómo la progresión temporal desde el punto de vista de la visualidad (la historia de amor se cuenta, mientras la ciudad pasa de la mañana a la noche) se pone en diálogo con la consolidación de la historia amorosa. Al final de la noche sentados a una mesa la pareja se formaliza. Tal discurso se refuerza, también, al utilizar el contrapunteo visual entre espacios exteriores e interiores en el clip.

Otro aspecto destacable en el audiovisual es el elemento coreográfico. La danza grupal, unida a la elección del vestuario, aluden a lo ancestral y a la identidad cubana. Hacia allí apunta, igualmente, la representación de una pareja interracial (ella mulata, luciendo orgullosa su pelo afro y él blanco, mezcla de lo europeo y lo cubano).
Con la actuación especial del actor Ray Cruz, la pieza audiovisual agrupa códigos de la nocturnidad habanera (fiesta, bebida, baile, malecón) y elementos vinculados a la imagen turística estereotipada que «vende» lo cubano. «Tu pedacito de cielo» acierta en la pregnancia fotográfica de cada paisaje y en la elección oportuna de cada plano.

Este videoclip, sin dudas, acude a los ingredientes que funcionan: es comercial sí, pero sin perder la cubanidad, apela a códigos establecidos sí, pero no por ello pierde su capacidad de mostrarnos la Habana en movimiento y en su vínculo indisoluble con el amor.



