Se agradece, en medio del fárrago de producciones que no aspiran a decir nada, que exista una joven con preocupaciones que la trascienden a sí misma. Digo esto tras revisitar el video “Poder” de Gretcheem Grey, una realizadora de la cual ya hemos hablado en este espacio de crítica de Lucas y que está dando pasos firmes hacia un lenguaje audiovisual propio. Su preferencia por los temas que abordan la condición humana ya se hizo notar en otra producción (“Intento Volar”), donde desplegó toda una reflexión sobre la enfermedad, la resiliencia y la construcción de sentido. Gretcheem Grey es una artista que prefiere establecer pautas complejas antes que caer en el lugar común y se nota a partir de la metodología estética que utiliza para metaforizar la realidad. Su diálogo no es con la realización actual de su país, sino con los cánones universales que rigen un debate mucho más ambicioso.
Cualquiera diría que “Poder” versa sobre la capacidad humana, la firmeza, la voluntad para construir un camino; sin embargo es todo lo contrario. Grey despliega toda su fragilidad como ser humano a partir de una serie de dudas vinculadas al mundo de las redes sociales, en el cual se diluye su propia identidad. Más que una fluidez posmoderna, lo que percibimos, a partir de este material, es la gasificación del ser. De hecho, la atmósfera no posee un piso sólido sobre el cual afincarse y pareciera que la cantante existe en medio de una deconstrucción permanente. “Poder” versa sobre la paradoja de perder el poder y estar sujeto a las condiciones externas determinadas por un sujeto mayor. Es un drama posmoderno que sitúa la capacidad de sentir más allá de lo sensitivo y la arroja hacia el campo, siempre dificil, de las percepciones ajenas. El video aborda la alienación humana desde una arista en la cual la alteridad resulta mucho más fuerte que la mismidad.
Cuando llegaron las redes sociales se habló de democracia, de participación y sociedad abierta. Sin embargo, lo que ha sucedido es lo contrario: personas encerradas en sí mismas, identidades repartidas en pedazos, la gasificación de la existencia a partir de la sensación alucinógena que implica vivir sin asidero. Las grandes certezas de la vida como la familia, los amigos o la pareja, se deshacen ante la imposibilidad de articularlas con firmeza. Todo sucede y no sucede a la vez. Hay una frontera indefinible entre la verdad y la ficción en la cual ya no nos tienen en cuenta. Si bien somos hábiles para crear inteligencia artificial, también carecemos de la capacidad indiscutible para sujetar a esas nuevas entidades. Más que nada, porque como seres no nos hemos conocido a nosotros mismos y vagamos en las sombras desde hace siglos. La confianza en la humanidad es uno de los grandes temas del arte. También, la desconfianza. Gretcheem Grey ha bebido de toda una tradición filosófica para acercarnos mediante la metáfora visual a estos debates.
No obstante —en medio de la confusión, los colores mustios, la caída de la luz (literal y figuradamente)— la artista nos deja un mensaje de esperanza: quizás ya estamos cansados de ser lo que no somos, de obedecer al algoritmo o al poder externo que nos determina. Hay en nosotros el deseo de rebelión legítima desde un centro ontológico y humanizador. La propia existencia del arte —en este caso de un videoclip— es prueba de que no vivimos en la pasividad perenne frente a las exclusiones del poder. Hay en las personas la capacidad para intuir, al menos, que están siendo presas de una condición otra, un posicionamiento que las oprime. Ahí está la ganancia discursiva de Grey frente a un tema que la trasciende y le otorga un puesto distinguido en la realización audiovisual cubana. En una entrevista que me concediera hace un tiempo atrás, la artista me hablaba sobre su conflicto con lo banal y pasajero y cómo había elegido la complejidad del arte a pesar de los riesgos. El éxito suele premiar precisamente la gasificación inconsciente y no tanto la conciencia de la gasificación. Hay aquí dos extremos de una misma realidad que la releen desde aristas contrapuestas. El videoclip actual mayormente está centrado en el like y lo que ella ha preferido es contrarrestar la enajenación denunciándola.
¿Es una realizadora existencialista? Las etiquetas al estilo de los años de Sartre ya no son funcionales. La movilidad gaseiforme de la realidad no nos permite tener una instantánea fiel de los recursos del presente. Vivimos en una carrera y solo registramos la sombra que transcurre. Cuando queremos detener el mundo, la inercia nos destruye, nos lanza más allá del cuerpo. Por ende, quiero hablar de Grey como una realizadora con altas dotes para captar el realismo psicológico de los tiempos que corren. No es una persona que se pierda en espejos, no le interesan los abalorios. La irrealidad de la existencia —con sus sillas tentadoras, de las cuales habló Lezama— es un abismo que ella sabe pasar de largo.
“Poder” versa sobre otro poder, el de desasirse de la alienación. Frente a la urgencia humana que apuesta por los likes, la visibilidad, el dinero, el éxito; la joven ha querido darnos un flashazo de su interior. El monólogo que cierra la canción —atormentado, deshecho, deconstruido— también aporta lucidez. Me recuerda ese pasaje de la vida de Nietzsche, justo antes de su total locura, cuando abrazó a un caballo que era azotado en la calle y lloró sin consuelo. Me refiero a la cercanía con la esencialidad humana que —paradójicamente— nos vuelve más bestias, más elementales. Nunca se está más cerca de la verdad y de encontrar el debate que nos define como cuando transitamos hacia un discurso lleno de contradicciones, contraposición y matices. Indudablemente, Grey lo sabe y busca las respuestas en ese abismo de oscuridad al que se atreve a mirar. Quizás el gran mérito de este videoclip es construir un corpus poético desde la imagen que no se queda en la literalidad visual.
Hay que premiar lo que no aspira a lo mismo, lo que se sale del lugar común e intenta reflejar el desasimiento posmoderno. No porque los premios validen, ni jerarquicen, sino por una cuestión de respeto hacia la mismidad del arte frente a la exterioridad banal de la industrialización de la imagen. He hallado en la voz de Gretcheem Grey la posibilidad de una postura honesta que no teme a la gasificación de su discurso si para ello existe una estrategia coherente y sólida. Nietzsche acabó sus días en la soledad de una conciencia que se deshizo, sin embargo ya nos había dejado la huella de alguien que mira hacia los abismos sin miedo y que sintió a su vez cómo los abismos lo observaban. Me quedo con el vértigo nietzscheano de los videos de Grey, como quien se aferra a una tabla de salvación.



