Lucas después de lucas (a propósito de una reflexión de Cruzata)

Foto: Tomada de Suena Cubano.

Una reflexión de Orlando Cruzata, director y creador del proyecto de Lucas, movió las redes sociales a propósito del aniversario: ¿qué pasará con el relevo? Sí, porque nadie es eterno y, aunque las ideas quedan indisolublemente ligadas a las personas, la voluntad debería aunarse para que continúen más allá de uno mismo. No estoy con esto lanzando una sospecha de desaparición sobre nadie, ni poseo una bola de cristal que evalúe el futuro en materia de políticas culturales, pero sí me parece fundamental preguntarnos no solo por Lucas, sino por todos los proyectos. En un país donde la matriz de producción y circulación de valores mercantiles y de bienes está llamada a un cambio radical, la creación pudiera sufrir procesos que la resignifiquen. Es normal que nada sea siempre la misma cosa, Heráclito habló del perpetuo fluir. Me refiero, en todo caso, al flujo coherente, beneficioso y fértil. Abogo por aquellas aguas que permitan la vitalidad y perpetuación no de lo mismo, sino del núcleo, la idea.

Lucas ha sido nuestro MTV. ¿Podemos imaginar el videoclip cubano sin ese espacio? Ahora mismo, las redes desplazaron cualquier tipo de consumo de corte tradicional, sin embargo la autoridad crítica y la jerarquización siguen siendo los signos de la plataforma. Ante el embate del cambio de paradigma, Lucas posee el capital simbólico de años de construcción y de bregar por la creación audiovisual cuando pocos se sumaban o parecía una locura.

Cruzata tiene todo el derecho de su parte cuando reclama, al menos, una reflexión acerca del futuro del proyecto. Sabe que la idea lo trasciende y siente una preocupación intelectual legítima. A las puertas de sus treinta años, Lucas enfrenta una trasposición de paradigmas comunicacionales, así como la entrada del mercado de manera abrupta en materia de producción y comercialización y la aparición de lógicas de realización que no estaban contempladas en el país del año 1997. El largo viaje ha implicado riesgos, vuelos forzosos, aterrizajes en medio de la nada. Aún así, se mueve, marca el reloj de la historia y emite una proyección a futuro. No se trata de conservar lo que fue, como un museo, sino de dotar a la idea de oportunidades reales para que continúe su derrotero. No queremos que el proyecto se reitere, ni que caiga en el vacío de la copia a sí mismo, sino que avance más allá de sus símbolos primarios y podamos abordarlo desde aristas que ahora nos parecen inalcanzables. No es la continuidad por inercia, sino el movimiento centrípeto del espíritu creador.

La cultura en Cuba está abocada a cambios. Nadie puede ahora predecir, por ejemplo, hasta qué punto la publicidad estará determinando los procesos. Otros aspectos también entran en la nebulosa: la perentoriedad de las decisiones que surjan para proteger un espacio como este con peso patrimonial, la posibilidad de alianzas con otras lógicas hoy externas y ajenas que pudieran servir de pivote para el trabajo en conjunto, el siempre conflictivo contexto de contaminación entre industria y arte. Estamos a las puertas de grandes transformaciones. El videoclip posee la hibridez necesaria para sobrevivir, pero no sabemos hasta qué punto pueda tornarse totalmente maleable sin perder el núcleo, sin que el camino logrado desaparezca o se vuelva irreconocible.

¿Sensibilidad artística versus pragmatismo institucional?, ¿recortes presupuestarios versus necesidad de conservación y expansión del arte? Todas esas variables se mueven en una misma sustancia, pero no son la misma cosa. Hacer un proyecto rentable no siempre se traduce en que posea los estándares necesarios. Abogar para que la cultura se autosustente no siempre resulta una buena idea, mucho menos sin preparación, desde la acción abrupta, sin pensamiento. Enfrentar un proyecto de casi treinta años a lógicas puramente de mercado puede resultar devastador. No por negar el mercado, ni por prejuicios, sino porque el patrimonio se protege. Una nación que ha hecho su propio MTV —salvando las distancias— no debería borrarlo de un plumazo. Incluso, dicho canal con su desaparición ha dejado en el aire buena parte de la memoria de generaciones, con lo cual podemos tomarlo como botón de muestra.

Entonces, ¿qué pasará con Lucas después de Lucas? Quizás los más optimistas preferimos decir que no habrá un día así, que el vacío jamás se va a adueñar de lo ya construido con tanto esfuerzo. Otros, que nadie lo dude, miran hacia el proyecto como una idea irreverente, original, exitosa, pero lo hacen de manera oblicua, con la ojeriza de quienes colocan ante todo el pragmatismo. En esas tensiones naturales en el campo de la cultura esperemos que prevalezca el sentido común, sobre todo porque de tal forma evitamos el vacío de la memoria. La desaparición de Lucas implicaría la necesidad de reconstrucción a partir de limitaciones reales, sin el personal especializado, en condiciones que ya no son las de aquellos años iniciáticos. Por ende, el día después no puede prescindir de Lucas.

La reflexión de Cruzata se transforma entonces en la paradoja del creador que sabe que su idea lo supera, pero a la vez resulta frágil. Lucas después de Lucas puede ser una oportunidad para el crecimiento, también un riesgo, un salto al vacío. No queremos la muerte al estilo MTV, sino la fluidez del proyecto, la vitalidad que nos permita la reinvención. Sin renegar del pasado, pero sin conceder ante el presente aquello que resulta medular dentro del concepto originario: la defensa de los valores del videoclip cubano como fenómeno cultural. Creo que una muestra de la maleabilidad de Lucas ha sido su inserción con toda la carga histórica en un ecosistema de redes en el cual la competencia dispone de mayores presupuestos, mejores sets, condiciones y pesos pesados en materia de producción y realización. Ante eso, el proyecto ofrece su presencia como carta de acreditación más que suficiente.

El día después de Lucas fue la añoranza de tantas veces para “amigos” y enemigos que ya Cruzata se ha acostumbrado. Parafraseándolo: por eso no lo soportan, como suele escribir en sus redes sociales. Toda luz proyecta sombra. Hagamos lo posible para que no se apague y, más aún, para que alumbre de manera perpetua.