Intento volar de la joven artista Gretcheem Grey es un video que reúne varias de las virtudes del nuevo modo de hacer vinculado a las redes sociales, está pensado y hecho para ese espacio en el cual existe un vector horizontal en cuanto al consumo. Aunque parezca una obviedad, hoy nada que se conciba debe pasar por alto un escenario como el digital que actúa como prueba de fuego sobre las piezas audiovisuales. Sin embargo, ya sea porque se trata de una nativa digital de evidente talento, ya porque posee las herramientas necesarias desde lo técnico; Gretcheem Grey nos regala un trozo de sensibilidad apegado a lo más íntimo: el amor a su padre.
Según declara la propia artista en la red social YouTube, el video, de corte totalmente minimalista, retrata el proceso de recuperación de su papá de un tumor en la boca. El detalle, compartido con todo el respeto en esta columna de opinión, evidencia cómo el arte puede sobrepasarlo todo y colocar los temas más fuertes como leitmotiv de una pieza. Hecho con IA y desde un celular, Intento volar no sobreexplica, no se queda en el enunciado, ni tampoco le falta nada. Hay un uso de la metáfora bien aquilatada que se mueve entre lo sobrio y lo terrible, con toques de ternura. El uso del blanco y del negro, con una potencia marcada en los contrastes, nos lleva hacia un mundo de dolor, desesperación y vivencias. Nada está explícito, sino que como un iceberg todo va naciendo ante nuestros ojos. El uso de los movimientos coreográficos de la artista conduce a pensar que algo sucede en su cuerpo, que un ente la invade, la mueve y la coloca en el límite. ¿Es el miedo a la muerte? En todo caso, hay una valentía, un poderío supremo que la lleva a luchar incluso más allá de sus fuerzas.
Pero lo que parece sobrehumano en realidad no lo es. Se trata del dolor, ese que te pone a prueba y que transforma lo que somos. Este es un video acerca de los límites. Está situado en el borde de la vivencia y usa los elementos claves para mostrarnos que hay personas puestas en lo más hondo de su condición, en la fragilidad más absoluta. Gretcheem usa su propio cuerpo para representar la enfermedad de su padre. Hay una trasmutación entre un ser y otro y ante nuestros ojos surge una dualidad interesante. Es ella misma, pero también, un sujeto distinto. En la poesía resulta imposible pensar en esta imagen sin traernos a Arthur Rimbaud de vuelta. No diré que el video innova, porque cuando se habla desde la honestidad es imposible no ser referenciales. La intertextualidad con otras tantas obras es evidente. Pienso en clásicos que retrataron la llegada de una enfermedad y cómo se convirtió el tópico en una metáfora para expresar otros males y dolores. Desde La Muerte en Venecia hasta La montaña mágica y La peste, de tres grandes autores de la literatura hasta abordajes más recientes.
Lo que la artista quiere retratar no es, en todo caso, una metáfora social, sino un golpe humano. Su obra se parece más a lo que Vallejo llamó “el odio de Dios”. Sin el drama de su padre quizás estuviéramos hablando de la visión macro del asunto, pero la autora lo aclaró en un comentario de su propio canal. Eso no constriñe el panorama interpretativo del videoclip. Interesante trasmutación donde ella es su padre y regresa en cada encuadre a zonas de la vivencia, de la cotidianidad. El intento de volar en realidad expresa el de vivir, salir de ese cerco físico de la dolencia, de ese aprisionamiento de la carne que se desmaterializa mediante el arte. Hay un detalle que quiero resaltar, el uso de su cabello, constantemente en movimiento y cómo eso se relaciona con el aprendizaje de las aves pequeñas cuando van a volar. Aquí la metáfora se refina y alude a la educación y el acompañamiento paterno a lo largo de su vida y cómo ahora eso se retribuye en un tiempo de vulnerabilidad y dolor. La obra de Gretcheem es humana, poderosa, sincera, no se detiene ante la necesidad de explicar. Todo está ahí, de forma gestual, gráfica, poética. Su sensibilidad es capaz de quedarse sola en el escenario y seguirnos hablando.
El plano medio que prevalece en todo el videoclip nos lleva a una cercanía con la artista que trabaja el vector empático. No hay nada general ni alejado, no tenemos una imagen fría, no se nos muestra la enfermedad en su detalle tampoco. Hay un equilibrio medido, colocado en el punto exacto. Es un video que tiene pensamiento, visión autoral y perspectiva. Está hecho con un toque sensible, sin que caiga en el dolor sobre el dolor. Por eso cuando concluye pareciera que hemos viajado hacia el interior de nosotros mismos y nos preguntamos quiénes somos, a quién amamos y protegemos o cuál es la razón de existir.
Si el arte sirve para algo es para salvarnos. No lo digo en el sentido metafórico, sino real, desde la experiencia de alguien que también se refugia en la creación.
Gretcheem nos propone un viaje hacia la vida a través de lo oscuro. Por eso, la sangre —esa que surge en su boca casi en los momentos finales— no parece un elemento de muerte, sino que revitaliza desde el rojo toda la escena blanquinegra. Ella declara que ese elemento gráfico alude a su papá en los momentos peores de la enfermedad, pero es capaz de resignificarlo desde el vitalismo, la esperanza. Ahí también está la mano maestra del duende llevando al artista a su mayor cuota de elocuencia. Me recuerda la escena de La lista de Schindler donde la niña del abrigo rojo corre en medio de la liquidación del gueto de Varsovia. Momento cumbre de la historia del cine que, quizás, está actuando detrás del uso simbólico del color.
Intento volar no es una producción que esté hecha al uso del mercado, no quiere cruzar por esos cielos, sino que aspira a planear como las águilas sobre la tranquilidad del valle. Rehúye de la bulla y del trueno, de la tormenta. Su desesperación conduce a la calma, al quiebre que redime. Por eso el videoclip posee un crescendo al final, una especie de clímax exaltado, y luego baja hasta dejarnos en ese estadío intermedio entre la fascinación y la certeza. Cuando llega la sangre, estamos casi en el momento de esa libertad creativa, de esa elocuencia total. Todo ha sido dicho y ahora actúa dentro de nosotros como un ser subversivo que nos corroe. Ahí hay también una conciencia del público, un pensamiento activo que levanta en la gente la capacidad de preguntarse, de actuar, de ser. Se trata de un videoclip en el cual el artista es consciente todo el tiempo y eso resulta en una ganancia. En primer lugar, para la pieza porque avanza con seguridad, poder y uso exacto de los recursos. En segundo, para nosotros, que logramos acompañarla no como espectadores, sino como descubridores de un proceso que se nos des-oculta. Uso este último término a exprofeso como una referencia heideggeriana.
Intento volar es precisamente eso, el intento previo al vuelo, ese que resulta imperfecto, pero hermoso, ese que se parece a la caída sin que lo sea del todo.



