Wampi: la otra felicidad del reparto

Wampi es un artista que en los últimos tiempos ha acompañado a los cubanos como una banda sonora permanente. También ha tenido éxito internacional, sobre todo en América Latina. Si bien su nombre es relativamente nuevo en la industria, ha sabido imponerse con rapidez a causa del manejo de registros sonoros dentro del marco del reparto: rumba, funk, reggae, reguetón, timba. Su formación musical le permite identificar los ingredientes necesarios y cultivarlos de manera que el producto sea una fusión trabajada y con un pensamiento centrado en los públicos. También, la posibilidad de elaborar materiales audiovisuales con directores de peso lo ha ayudado. En este sentido, la estética de Wampi es urbana sin caer en el lugar común. Se trata de videoclips que funcionan como crónicas/cápsulas de la realidad.

Algo así sucede con La vida es una, cuya estética se refiere a una filosofía que hace hincapié en hallar la felicidad a ultranza. Wampi hace reparto, pero se siente la seriedad de su carrera. No es un improvisado, sino alguien que de forma consciente sabe lo que quiere y se propone alcanzarlo. En este camino, el profesionalismo resulta evidente. El género ha dejado atrás los momentos de espontaneidad y se afina, restituyéndole a la música su cualidad de arte supremo.

Wampi ha recreado en este videoclip una visualidad de la fiesta y el hedonismo que es recurrente en la filosofía del reparto. Hay una referencia a la universalidad de esos valores a partir del uso esencial de códigos estéticos. La fusión permite que la sonoridad se sienta híbrida, compleja, pero lograda en términos de público. Hay un sabor global en las creaciones de este autor, como si actuara de manera consciente con respecto a los grandes escenarios. A la vez, no se pierde la conexión con lo propio.

La entrada de este artista como miembro votante a la Academia de Grabación de los Grammy es un logro que pocos pueden exhibir y que habla de su proyección mundial. Su presencia en festivales multitudinarios en los cuales se hace evidente que ha creado un público propio, lo coloca en las listas de los autores que en los próximos años le darán un vuelco al género urbano. Cumpliendo con nuestras observaciones en este espacio de crítica, el reparto está teniendo contacto con zonas altamente especializadas de la industria de la música que lo transforman. De ser un género hecho por y para los márgenes, ha pasado a los escenarios, las disqueras de alto calado y las producciones ambiciosas. En La vida es una el cantante nos pone a bailar, pero a la vez nos propone una visión elemental, esencialista. Es como si el reparto se separara de los lugares comunes que lo han caracterizado para ofrecernos la posibilidad de otros territorios temáticos. Ya no vemos solo baile, mujeres, autos caros, lujos. Ahora, al menos en este video de Wampi, hay referencias más cercanas, realistas, que funcionan como núcleos de contacto y reconexión con los públicos.

La música es un terreno simbólico donde se expresan las cuestiones del poder. Y si solamente se alude a temáticas centradas en la posesión material, en algún momento existirá desconexión con cierto público. Eso le venía pasando al reparto de los últimos años: demasiado oropel, mucha ostentación y banalidad. La gente sencillamente se cansó de la exhibición vulgar. Entonces, han empezado a surgir estos otros nichos. El género se reinventa no ya desde la piscina donde Chocolate MC se sumerge bañado en espuma con un celular; sino en la fiesta común, esa que Wampi nos ofrece y que se parece más a los hogares cubanos sencillos. Hay una felicidad realista, entrañable, una que no se basa en poseer más o en ser el mejor, sino en hacer lo que a uno le gusta. En este caso, Wampi se centra en la música, en ser un repartero que sabe decir lo que piensa y siente sin culpas. Porque, a nadie le quepa dudas, en la obra de este autor existe un subtexto en ocasiones de denuncia. Solo hay que buscar en los significantes soterrados.

La crítica musical audiovisual no puede operar desde el prejuicio. En estos espacios hemos abogado porque autores como Wampi sean validados en las instituciones que promueven el arte. Sobre todo porque el reparto no merece estigma. Estamos ante un ejemplo de cómo la fusión, el pensamiento, la conciencia de lo global pueden conspirar para hacernos una idea diferente en torno a las matrices estéticas del género. Lo mejor es que el artista no ha llegado aún a la cúspide, le falta. Y eso nos da esperanza. ¿Quién sabe qué sonoridad reaparecerá en el horizonte? Y digo reaparecer porque, obvio, ya nada es nuevo, ni original; pero se puede materializar de manera tal que el producto resulte agradable, de alto estándar, con una calidad medible. He ahí el terreno donde se mueve Wampi: él sabe que está haciendo fusión y que a partir de su obra entra en contacto con un género polémico, pero sigue adelante, hunde sus manos en otros registros y se sirve de sus genealogías.

En resumen, este material de Wampi es algo que merece visionarse como una muestra de lo que pudiera ser el reparto en unos años si continúa su evolución. Y hablo de ello no desde una mirada teleológica, sino con la esperanza de que el triunfo produzca, a fin de cuentas, una mejor música. Hemos dejado atrás la era de la felicidad ostentosa y falsa y entramos en la alegría de la gente común, esa gente de las colas, las carencias, la realidad en muchas ocasiones distópica. Todo artista sabe hablar a través de códigos. Un videoclip bien puede ser una crónica inteligente. Wampi nos refiere que todos somos monarcas de una cotidianidad dura, retadora, en la cual intentamos hacer nuestros sueños. Esa línea de mensaje está implícita en su obra y se siente como uno de los significantes más poderosos. No hay aquí indigencia de ideas, sino al contrario, el posicionamiento de una racionalidad que no renuncia a la crítica y que se mueve con sutileza entre el reparto y la narrativa porosa.

Hay que seguir de cerca al artista, analizar sus propuestas y mirarlo con el microscopio responsable de la crítica que acompaña y emite un juicio comedido. Sin estridencias, sin que tengamos que sobrepensar demasiado, Wampi posee peso, madurez y lo mejor de él está a la vuelta de la esquina.