Ever miranda: “No busco imágenes perfectas, busco imágenes necesarias”

Ever Miranda es un autor multidisciplinar. Su formación básica toma las herramientas del cine, pero ha incursionado en una variedad de proyectos y registros que lo avalan como un realizador que sabe moverse con destreza. Desde el guion de programas de televisión, la publicidad, el reportaje, el documental y los cortos hasta la enseñanza; su currículum nos dice lo mucho que ha bregado en pos del arte. Lo conocí como parte de mi acercamiento crítico a uno de sus videoclips, donde se hace evidente esa voz autoral por encima de la simple literalidad de la canción. Ever Miranda, con gentileza, contestó cada una de las interrogantes que le expuso nuestra revista.

¿Cómo fue tu acercamiento al mundo del audiovisual y qué te llevó al videoclip?

Mi formación viene directamente del documental y eso ha definido mi mirada. El documental me enseñó a observar antes de intervenir, a entender que la imagen tiene un valor cuando parte de una relación honesta con la realidad. Cuando me acerco al videoclip no lo hago desde la lógica de la industria musical, sino de esa misma necesidad de trabajar con lo real. Me interesa llevar al videoclip una textura más cercana al documental: imágenes que parezcan encontradas, momentos que no están totalmente coreografiados, una sensación de verdad incluso dentro de una construcción estética.

El videoclip para mí no es un formato menor, sino un espacio donde se pueden cruzar lenguajes: lo musical, lo documental, lo poético. Ahí es donde encuentro mayor libertad.

¿Cuáles son tus principales referentes cinematográficos y de que manera te influyeron?

Mis referentes no vienen tanto del videoclip comercial, sino de zonas más híbridas. Por un lado me interesa mucho la fotografía soviética de los años 80, especialmente de autores vinculados a la vida cotidiana y al registro directo, como Boris Mikhailov, que trabaja desde lo crudo, lo imperfecto, lo humano sin filtros. Este tipo de imagen que no busca embellecer, sino mostrar, me interesa mucho al traslado audiovisual.

También me influye el trabajo de colectivos documentales españoles contemporáneos como Los Hijos o Colectivo Cine Sin Autor, donde el cine se construye desde procesos abiertos, muchas veces con no actores, y donde la realidad no se manipula en exceso. Por supuesto, hay referentes más conocidos como Santiago Álvarez, pero incluso en ese caso lo que me interesa no es lo histórico, sino su capacidad de construir un discurso a partir del montaje. Todo eso influye en mi trabajo en algo muy concreto: no busco imágenes perfectas, busco imágenes necesarias.

¿Cómo es tu proceso de trabajo al recibir una nueva canción?

 

Mi proceso no empieza pensando en una historia cerrada, sino en una atmósfera. Escucho la canción muchas veces hasta que empiezo a visualizar fragmentos, espacios, reacciones, rostros, acciones.

Muchas veces trabajo desde intuiciones visuales, asociaciones libres, recuerdos o referencias reales. Después viene una etapa más estructurada, donde estas ideas se organizan en un concepto. Mi formación documental influye mucho aquí, porque intento dejar espacio para lo inesperado. No todo está completamente decidido antes del rodaje. Me interesa que discurran cosas en el momento, que la realidad intervenga. Trabajo con el artista, pero necesito que exista apertura para ese tipo de proceso más orgánico.

¿Qué es lo más importante para ti en el momento de conceptualizar un video?

Lo más importante es que el video tenga una verdad interna, aunque no sea narrativo ni literal. No me interesa ilustrar la letra ni construir imágenes vacías. Me interesa que haya una relación real entre lo que suena y lo que se ve. En trabajos como el videoclip inspirado en el tornado de La Habana, eso se vuelve aún más importante. No se trata de recrear el evento, sino de trabajar con su huella: los espacios, las marcas, las personas, la sensación de lo que quedó. Ahí el videoclip se acerca mucho más al documental, incluso si formalmente no lo es.

¿Cuál ha sido el video más desafiante que has dirigido?

El trabajo relacionado con el tornado fue especialmente complejo porque implicaba una memoria reciente. No era solo un tema visual, sino emocional. El principal desafío fue encontrar una forma de representar sin invadir, sin convertir el dolor en espectáculo. Por eso la solución fue trabajar desde la sugerencia, los espacios, los rastros. Ese tipo de decisiones vienen directamente del documental: entender que no todo debe mostrarse de forma explícita.

¿Cómo manejas las limitaciones de presupuesto sin sacrificar la calidad de tus proyectos?

Para mí el presupuesto nunca ha sido el punto de partida. Trabajo desde lo que existe. Uso locaciones reales, luz disponible, equipos mínimos, personas que no necesariamente son actores. Eso no solo es una limitación, también es una decisión estética. El referente aquí vuelve a hacer más cercano al documental y a cierta fotografía directa: trabajar con lo que hay y encontrar belleza o sentido en eso. La calidad visual no depende del dinero, sino de la claridad de la mirada.

¿Cómo crees que ha evolucionado el lenguaje del videoclip en la era digital?

Creo que el videoclip se ha fragmentado. Plataformas como YouTube y TikTok han impuesto un ritmo mucho más rápido, donde la atención es muy breve. Pero al mismo tiempo eso ha abierto una grieta interesante: ahora también hay espacio para propuestas más personales, más híbridas. Me interesa especialmente esa línea donde el vídeo deja de ser solo un producto y se convierte en una pieza audiovisual más cercana al cine o al arte contemporáneo.

¿Qué consejo le darías a alguien que está empezando en la dirección de videos musicales hoy día?

 

Le diría que mire menos referencias de videoclips y más realidad. Que vea documental, fotografía, cine no convencional. Que entienda que su contexto es material suficiente para crear. También que no intente hacer grandes producciones desde el inicio. Es más importante construir una mirada, que tener recursos. Y sobre todo, que entienda que el videoclip puede ser un espacio de búsqueda personal, no solo un encargo.

Ever Miranda seguirá construyendo desde la crudeza de lo real con el mismo estruendo del tornado, pero haciendo uso de las armas audiovisuales de que dispone: la sensibilidad y la aguda mirada. Entretanto, nuestra entrevista ha sido un aparte que nos permitió conocer al hombre detrás del discurso y al autor más allá de la obra.

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