La huella del tornado en un video clip

He visto el video clip Tornado en La Habana de Aixa Rodríguez Alfonso con la dirección de Ever Miranda. El material, minimalista en sus recursos, pone énfasis en contarnos un suceso con tintes documentales y rescata la historia reciente de Cuba a partir de la alusión a elementos de la cotidianidad. En contraposición con un entorno marcado por la mercadotecnia, el uso de retóricas manidas y discursos en concordancia con la exterioridad del consumo, este video prefiere hacer referencia a lo interno. Su valor, más que la belleza de los planos, la factura de la fotografía o la apuesta por un acercamiento desde la narrativa visual, reside en que no quiere centrarse en lo mismo, sino que viaja en clave de habanera hasta el dolor del arrasamiento y nos recoloca ante interrogantes históricas. No hay una estructura complicada, no se usan símbolos que en su complejidad replanteen la realidad, en lugar de todo eso Tornado en La Habana funciona como una crónica sencilla. El director ha hecho uso de imágenes recopiladas tras el paso del tornado del 27 de enero del 2019, que destruyó una parte de la ciudad y marcó significativamente el inicio de una etapa en la isla.

La narrativa de Aixa Rodríguez suele apoyarse en historias cotidianas como el amor virtual, los conflictos generacionales, la identidad en tiempos de disolución de los grandes eventos y discursos; la hemos visto en anteriores entregas de videos como alguien que se interesa por contar lo simple, lo que otros pasan por alto. El discurso que discurre en sus obras se apoya en la música tradicional, el pop, la balada y la fusión para darnos una especie de mezcla sonora en la cual prima el tono cubano. Se trata de una artista que sabe lo que quiere y que se centra en exponerlo. Por ello, Tornado en La Habana no debe ser evaluado a partir de su narrativa visual sencilla, sino como una pieza dentro de un entramado autoral. La cantante desea reflejar un momento en la historia para darle el realce que merece y destacar de esa manera la resiliencia de una ciudad a pesar de los golpes. Ese peso documental es poco frecuente en la industria cubana del videoclip, que está escindida entre lo comercial y el mensaje vinculado a la institucionalidad. Aixa Rodríguez nos dice que es posible hacer un video clip que descanse en una visualidad elemental, casi básica, un mensaje simple y una verdad histórica. Las vistas de la capital cubana de los inicios del material contrastan con la brutalidad de los destrozos del tornado. Los planos se mueven desde lo general al detalle que nos muestra de manera cercana los rostros de dolor y las viviendas destrozadas. Ahí pervive una vocación que se emparenta con el periodismo, la narración oral, la búsqueda de la materia viva y su exposición.

¿Hay belleza en la sucesión cruda de imágenes?, ¿podemos decir que el video clip cumple con los estándares de una obra de arte? Sí, pero en la medida en que las aproximaciones del director no se suman a la literalidad del periodismo y aportan una valoración, una especie de edición de la realidad. Seleccionar una foto y no otra, contrastarla mediante yuxtaposición, son ejercicios que nos evidencian que la mente detrás de este material no quiso solo reproducir, sino que aportó desde su visión. Tornado en La Habana es una pieza que posee otros antecedentes, ya que el huracán (ese pariente mayor) ha sido una constante en la literatura desde que Cuba empezó a tener una identidad ante el mundo. Las imágenes de la ciudad sitiada por escombros, el desastre de perderlo todo, la sofocante verdad de que se está en un lugar de un clima a ratos satánico; todos esos aspectos nos revelan en el video clip la vertiente menos amable de una insularidad, de un magma identitario. Por eso se elige de base la habanera, si bien no podemos hablar de una melodía pura y la fusión con instrumentos de percusión y con armonías del pop nos conducen a otros tantos caminos y registros musicales. Lo que sí queda claro es que se trata de una pieza que busca hacer un bosquejo de lo que nos queda cuando pasa un fenómeno como este: la resistencia, el dolor, la necesidad de vivir a pesar de todo. Esa es la ciudad que aparece como una superviviente bajo la sombra del Cristo de la bahía.

Se extraña en este video quizás una edición más dinámica, que sin abaratar ese sentimiento, esa reflexión necesaria, le imprimiera al material una rapidez, un lenguaje más potente. Estamos hablando del video clip y ello impone un ritmo que no pueden permitirse el documental ni la crónica. Una edición que resaltara más los detalles significativos, sin pasar por alto el mensaje de bien público, hubiera dado con las claves de una visualidad potente, con conexiones más emocionales. Esa al menos es mi apreciación. El ritmo del material pudo variarse, hacer uso de diferentes velocidades, incluso emular con la naturaleza a partir de los recursos, efectos, atmósfera. Por instantes extrañamos ahí el drama, sin que deseemos el dramatismo. El video transcurre con una misma velocidad, alternando las escenas de la cantante grabando en un estudio con el movimiento las fotografías; pienso que en términos de montaje pudo pensarse en otras variables. Ahí aplica que, para decir bien, a veces hay que decir de manera diferente.

No podemos imponerle tampoco a la artista ni al realizador estas visiones, lo cierto es que el ritmo si bien a veces es reiterado y adolece de variaciones; se concatena con la base melódica y funciona. En ese sentido, Tornado en La Habana funciona como un mecanismo de reloj cuya finalidad es mostrarnos lo que pasó, homenajear a las víctimas de la tragedia y llevarnos a la reflexión humana y la trascendencia. Es una búsqueda en los valores y un buceo hacia las profundidades de lo identitario de una ciudad que quizás ha sido impactada por tornados de diverso signo debido a su historicismo complejo. Aquí la metáfora del video pudo aportarnos más significantes que no nos dejaran este cabo suelto.

Tornado en La Habana es un video necesario, que puede usarse como crónica, también como pieza de arte que no nos permite olvidar un instante reciente. Su conformación se inscribe en una producción nacional en torno a los desastres naturales, la insularidad, el fatalismo geográfico y la resistencia. Esa narrativa, si bien ya trabajada, merece el retoque de una artista que lo aborda con los ingredientes elementales y necesarios. Si bien visualmente el video es sencillo, casi un reportaje, su peso va más allá de la reseña y nos queda como un recordatorio. La edición elocuente y la escasa complejidad nos trasmiten el mensaje, lo cual no obstante tampoco significa que esto ocurra con demasiada literalidad o apego al texto. Vale aclarar que el rescate de las fotos originales y su uso para una pieza de arte resignifica la tragedia, la realza como momento histórico y nos adentran en la necesidad de expandir las temáticas de la industria del video clip más allá de lo que habitualmente se está validando y consumiendo.

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