20 años de Lucas

20 argumentos para un jurado perseverante

Por Joel del Río.

premios-lucas-2016Veinte años cumple puente llamado Lucas entre lo mediático, comercial, espectacular, y el audiovisual realizado con un sentido artístico, audaz y cultural-identitario. Entre los mayores malentendidos enfrentados por el proyecto figura se cuenta el increíble desconocimiento sobre el trabajo de un jurado que se integra cada año para decidir el 99,9 por ciento de los premios. Luego de veinte años, todavía muchos ignoran  las funciones y atribuciones del jurado, habida cuenta de que la mayor parte del público atiende especialmente al premio de la popularidad, e incluso algunos creadores agradecen sus premios al público.
A tono con el vigésimo aniversario, me tomo la atribución que me confiere igual número de años de cercanía a los premios Lucas e intento explicar, lo más sucintamente posible, las funciones y objetivos de un jurado. Conste que corro personalizar un proceso en el cual participan diez subjetividades, atentas a experiencias y gustos particulares muy diversos. De todos modos, corro el riesgo.

1.    Un jurado Lucas debe saber que la selección final está eternamente sometida a la sospecha de elitismo o populismo, y así, las acusaciones oscilan entre los extremos de la condescendencia y la severidad.
2.    Además de sospechas, el trabajo de selección suscita rechazo de las mayorías enardecidas por el fanatismo, en tanto el jurado vota por obras que intentan ampliar la cierta noción bastante estrecha, provinciana y repetitiva, de lo que es un buen video musical.
3.    Un jurado perseverante deberá poseer la madurez intelectual para explicarle a un creador, ya sea músico o videasta, que la exclusión de su obra no es sinónimo de atentado a su divinidad infalible. El jurado es humano y se equivoca, máxime cuando se trata de diez humanidades, y de la multiplicación consiguiente del posible error.
4.    El gigantismo del YO, en algunos creadores, tiene su correspondencia en una extrema susceptibilidad que llega a manifestarse en neurosis, de modo que cualquier premiación divergente de tales egotismos resquebraja su noción sobre sí mismos y los coloca en posición de descalificar al jurado, y en casos extremos, al proyecto Lucas en pleno.
5.    Porque el disenso entre artistas y jurados tiene que ver, creo yo, con varios errores de ambos lados: Ni el jurado es dueño de una verdad irrefutable, absoluta y docta, ni el autor, en esta época post-postmoderna se considera ya el predestinado por el Olimpo con la virtud suprema de la creación.
6.    Y algunos creadores se permiten todo tipo de insolencias y desafueros en tanto parten de haber creado algo, de modo que ningún jurado, por más crítico y teórico que sea, debiera tener la osadía de cuestionar o ignorar su obra.
7.    El jurado Lucas deberá acostumbrarse también a que el público lo considera innecesario y molesto. Si el video musical se concibe para promocionar a un artista y comercializar su imagen, entonces los más populares tendrán que ser necesariamente los mejores, y entonces, el tribunal parece una pieza inútil, prescindible.
8.    En medio de semejante océano de incomprensiones, y frecuentes coincidencias entre Montescos, Capuletos, Gómez y Garcías, la selección anual ha propuesto medulares proposiciones sobre lo que debe ser un buen video, y en cada categoría avala la singularidad y la creatividad que divergen de la homogenización.
9.    Tampoco los jurados deben creer (por lo menos yo no me lo creo) que somos dadores de luz, privilegiados que lo entienden todo mejor que los demás, y por tanto le indican a los otros lo que les debe gustar.
10.    Sin embargo, cada selección, tal vez no todas, pero en mayoría, porta códigos plenos de significados que indican la importancia de lo que intentan comunicarnos los autores (el intérprete en conciliábulo con el videasta) en ese correlato que establecen las imágenes y la música.
11.    Y además la elección de X video por encima de otros tantos, puede develar una esencia reconcentrada de poder comunicativo que el público pudiera, tal vez, atender.
12.    Se trata de instituir, mediante una selección colegiada entre diez personas, y por tanto casi anónima (muy pocos saben o recuerdan por cual video votó cada quien) las virtudes de una puesta en escena creadora, esa que suele ser accesible a todos, más allá de concesiones evidentemente populacheras y vulgaridades de seducción multitudinaria.
13.    De modo que la tarea de los jurados no es tan difícil de entender en tanto pretende reconciliar la visión del mundo, y del arte, de quien elige y del elegido. .
14.    Conste que la selección anual de ese jurado también aspira a trazar jerarquías estéticas, privilegiar el ingenio y la singularidad, en un contexto marcado por la repetición, el remedo, la improvisación y el comercialismo.
15.    El juicio crítico que implica elegir debería partir del análisis de la coyuntura audiovisual y cultural concreta, sin la coyunda personalista, pues cada jurado debiera negarse a respirar los vapores mareantes de la egolatría, e incentivar un debate que implique la búsqueda de la verdad, la autenticidad, la belleza, y nunca el intercambio virulento de dictámenes hormonales estilo Me gusta o No me gusta.
16.    Además, la selección debe regirse por la responsabilidad de ofrecer certificados de calidad por la obra notoria, siempre dentro de un proceso dinámico que algunos llaman el “diálogo del conocimiento”.
17.    Porque el jurado actúa entre varias fuerzas: el público, los creadores y los colegas. Para sostener la coherencia solo puede disponer de su honestidad intelectual.
18.    La responsabilidad del jurado ante el público está definida por la siguiente frase de Baudelaire: “La función de la crítica es convertir el placer en conocimiento”.
19.    Si cada elección entraña una indagación en los mecanismos del placer que genera la obra, entonces el jurado cumplirá a cabalidad con su función de proponer al mismo tiempo, una obra que aúne placer y conocimiento, belleza y cultura.
20.    Los jurados Lucas no dictaminan y discriminan, más bien proponen y sugieren. Cada quien deberá asimilar tales proposiciones de acuerdo con sus coordenadas culturales, vitales y estéticas.

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