Unas líneas sobre ese iceberg que es el mercado

Extracto: A través del videoclip «Andaba solo» de Alain Pérez y Gilberto Santa Rosa, que está teniendo éxito en las plataformas y las listas de consumo, esta crítica nos propone pensar en el mercado y la industria musical.

En esta sección de crítica siempre será menester abordar el fenómeno del mercado como algo que transversaliza la música. No porque constituya un suceso moral, sino porque de esa manera se reconstruye la ruta genealógica del motor que mueve las grandes producciones y carreras. Estar ajenos a eso es como andar por un puente sin barandas, en algún momento nuestro punto de vista tenderá a no sostenerse.

Hay, no obstante, momentos en la industria que merecen la reflexión porque mantienen al unísono el género musical, la esencia y la raíz. Uno de los procesos que permite tal equilibrio es la fusión como fórmula de mercado. Se busca hablarles a diversos públicos mediante la mezcla de sonoridades, de apelaciones y de códigos. Ahí hay que decir que la música popular bailable será siempre un terreno propicio, una especie de sustancia per se. Esa es la reflexión que se me ocurre cuando veo el videoclip Andaba solo de Alain Pérez y Gilberto Santa Rosa, que está teniendo éxito en las plataformas y las listas de consumo.

La pieza, que pertenece sonoramente al álbum Bingo (con nominaciones a los Grammy y los Latin Grammy), nos traslada a los códigos híbridos que en los últimos años han sido el basamento del panorama de la industria. Se trata de un videoclip visualmente poco atrevido, que discursa sobre fórmulas ya demostradas, que se queda en la enunciación y que desde el punto de vista de la realización posee una factura exacta, sin altisonancias. Lo grandioso está en la unión de estos dos artistas, lo cual echa luz sobre otra de las fórmulas que hoy están dando resultados: la colaboración entre figuras. El quiebre de generaciones que surge del consumo digital requiere de ello. Por una parte, las personas de más edad ven en Santa Rosa un referente, cantan sus temas que eran la banda sonora de sus romances; por otra Alain Pérez conecta con un público menos analógico, el que garantiza el clic y el número en las plataformas.

La estrategia de mercadeo no está mal y trasvasa los procesos creativos. Andaba solo además apela a un registro visual de lo afro en lo latino. No solo es un video que se desarrolla en un ambiente de club nocturno, de juerga, de fiesta; sino que nos induce a replantearnos lo latino desde la racialidad. La presencia de peinados, la prevalencia de las pieles morenas y de los ritmos, los instrumentos; todo ello conduce a un ambiente en el cual hay que cuidar de no caer en el estereotipo. Y es que el mercado tiene eso, que trabaja arquetípicamente y la línea entre forma y contenido puede ser porosa, casi invisible, apenas un tabique.

La pieza discursa sobre el tema de los amores y desamores, la vida en pareja, las expectativas y los sueños. Nada nuevo, ya que Santa Rosa ha sido un cultor por excelencia de la salsa romántica y posee un sello en tal sentido. Alain le añade, al timbre tradicional, casi sacro, de Santa Rosa, su manera de expresarse más diáfana, menos acartonada. Es un contrapunteo entre los dos cantantes que se maneja bien desde la coreografía, marcando las pautas de un artista y otro a partir de sus estilos. Las disonancias que pudieran existir son explotadas en función del leitmotiv de la pieza. En ese sentido hay que destacar la dirección de Alejandro Albuernes, quien supo, sin estridencia, sacarle partido a lo que ya estaba, a lo que es de por sí una inmanencia tanto en un cantante como en otro. Y eso ni es sencillo ni es poco: conlleva psicología, estudio y oficio.

Pero no solo hay que ver el mercado como una posibilidad de éxito, de conectar con millones o de llegar hasta los Grammy. Es vital, y en parte la función de la crítica, que se explaye categorialmente el impacto de ese fenómeno en la estética. Y no es menos cierto que se observa desde hace mucho en una parte de la música popular bailable un aplanamiento que no conduce a nada más que a la simplificación. Quizás porque el mercado no arriesga, solo quiere ganar.

Este video está bien hecho, pero cuando termina no hemos visto algo diferente, nada queda en nuestra retina que merezca ser recordado. Incluso la poesía que puede haber en la obra de Santa Rosa, su melancolía, su tono de caballero de otra era; quedan aplanados por la pátina del producto. Eso no es necesariamente contraproducente para una industria que busca ser industria, para un video que posee como finalidad la venta, el consumo. Pero es honesto que la critica lo señale, que deje entrever que pudiera haber mercado a la par que búsquedas estéticas y que el facilismo que muchos creen infalible, puede no serlo tanto.

Andaba solo pudo ser una pieza que jugara con la coreografía, con las locaciones, los vestuarios, las épocas, los registros: pero decide quedarse en lo que ya hemos visto. Es más barato, su costo de producción conduce a la rentabilidad. En ese camino es mucho lo que se pierde, es mucho lo que no se construye. Los artistas no surgen de la autocomplacencia, sino de la constante exigencia. Y el mercado solo exige en una dirección. Santa Rosa es un maestro con una carrera sólida, un músico de otra era, un salsero que algunos pueden pensar que no se sitúa en los nuevos tiempos. A favor de esta pieza hay que decir que logran que su presencia sea orgánica, no se nota ni demodés ni extemporánea. El rejuego de voces y su empaste son perfectos. La técnica no posee mecanismos rotos. Sin embargo, faltan la inventiva, el trabajo de imaginar un mundo alterno a la letra de la música que lo acompañe, que le dé vida y que sostenga ese contrapunto que distingue al videoclip.

El álbum Bingo no obstante evidencia un éxito, un abordaje de alto vuelo del género musical y una profesionalidad indiscutibles. La música latina posee una puerta abierta y eso da aliento, oxigena a los artistas y les dice que nuestras raíces son importantes y que merece la pena que cultivemos las sonoridades del patio. En un mundo globalizado, en el cual se apela cada vez más a fórmulas sin elaboración, es loable defender la salsa, la timba, el son, la guaracha, las fusiones de todo eso con el jazz latino.

Andaba solo se disfruta, a fin de cuentas, se coloca en una fiesta para amenizar, se baila y representa dignamente al Caribe. No hay que condenar el mercado, no hay que anatemizar sus influencias; solo verlo como un fenómeno que está ahí como un iceberg. O lo confrontas o lo evitas. Ambos caminos tienen consecuencias.

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