Lo comercial en el video clip cubano está en un nuevo momento a partir del acceso masivo de los cubanos a las redes sociales y la posibilidad de que los públicos se agenden, en concordancia o no con mecanismos de publicidad y plataformas de promoción, sus propios gustos de consumo. Sin dudas, no es lo mismo esperar una vez por semana a que se trasmita el programa de los éxitos musicales a que entres en cualquier momento a YouTube y visualices un producto. En términos de márketing es un cambio brutal, en términos artísticos ello reconfigura la manera de realizar los lenguajes visuales y musicales, establece nuevos códigos, reafirma otros, anula matrices y reposiciona otras. Esta es la reflexión que me viene a la mente cuando veo el video clip Nadie como tú que es una cocreación de Leoni Torres con Bryan Sánchez. Realizado en locaciones externas, buscando precisamente la frescura y la atmósfera clara del trópico, el material aspira a ser un vehículo para el entretenimiento, con fórmulas comerciales que venden precisamente ese tópico paradisiaco de la música latina que se fusiona y da paso a propuestas agradables al consumo.
Nadie como tú versa sobre el romance, las relaciones de pareja en su máximo esplendor. Trata de ese instante en el cual quedamos prendados de la otra persona y que es un sentimiento totalmente humano, conmovedor si se quiere. La temática, si bien común y ya trabajada hasta el hartazgo, funciona como gancho hacia el gran público que espera, precisamente, tales fórmulas. El tema no quiere avanzar sobre otros terrenos y asume tanto las limitaciones como las bondades de lo que dice, siendo en ese sentido inteligente en la elección del público meta. Nadie como tú, además, está hecho para bailar, es una salsa fusión con otros ritmos caribeños en los cuales podemos sentir el sabor de la melodía de la Charanga Habanera muy en el fondo. De manera que Leoni recorre, en la sonoridad, un camino en el cual ha tenido éxito y donde el gran público lo reconoce y lo admira. Eso, sin dudas, en unión de Bryan Sánchez, quien le sirve como contrapunto vocal en un rejuego de voces trabajado, puesto a la medida del género con todas sus exigencias. A la voz cálida, potente y melodiosa de Leoni, se une la contrapartida de Bryan quien posee un registro más juvenil, comedido, sin que ello haga que se quede atrás en ese dúo. Ambos poseen claridad en el género que están trabajando y llegan a hacerlo con los ingredientes necesarios. Sin embargo, el tema no sobrepasa lo que ya se ha visto, es, sencillamente, una apuesta por el contacto con el público, un gancho hacia esa comercialidad del video clip que ha sido tan aplastante en los últimos tiempos en los cuales se ha impuesto el consumo por streaming.
La reflexión del inicio de esta crítica se detiene en este punto. Lo comercial tiene que estar presente en una lógica de mercado que hoy es consustancial al video clip, eso no se cuestiona, lo que se mira es el cambio en tales estilos del consumo y cómo las plataformas moldean tanto la realización como la mirada. Nadie como tú está dirigido por SkiZzo y Fredy Loons lo cual une dos maneras, dos visiones de lo artístico. Por una parte ese sabor a música latina que se fusiona con lo urbano (SkiZzo), por otra, el trabajo visual de una calidad elevada en cuanto al uso de los recursos, incluso la selección coreográfica exacta. Por tanto, hay que hablar de un producto comercial que no decae en su exigencia, sino que se potencia a partir de la confluencia de varios talentos de esta área. Si la finalidad es vender, se logra; si además se aspira a generar un material atractivo, también. Hay que decir que Nadie como tú surge del deseo de los públicos tanto de Bryan Sánchez como de Leoni Torres de ver una creación de ambos. La fusión no solo es de estilos, de sonoridades, sino de generaciones. Hay una confluencia de gustos que se encuentran en esta canción y cuyos empates o remaches no son visibles debido a la elaboración profesional.
El hecho de que en el video oficial en la plataforma de YouTube se reconozca que se trata de algo que nace de los públicos, nos habla del peso que el consumo por streaming está teniendo, al punto de crearles agendas a los artistas, las disqueras, los productores y directores. Eso, antes, cuando todo dependía de que se trasmitiera una vez por semana o dos por televisión, no pasaba. El consumo estaba distante, era pasivo, no influía de esa manera. Solo en otros espacios, como la radio que siempre fue participativa, se podía obtener un feedback parecido. Nunca, no obstante, a la altura de lo que estamos viendo. El streaming no solo ha roto las dinámicas rígidas y ha transformado al receptor en cierta medida en emisor, sino que establece la urgencia de que las casas discográficas y la industria se ocupen del consumo. De ahí que surjan productos a partir de los estudios de audiencia, los cuales, claramente, cada día son más exactos y contables a partir de las puntuaciones en redes.
Nadie como tú es un producto clásico de la corriente comercial, una pieza que a pesar de no presentarnos nada fuera de lo común, no ser arriesgada ni grandilocuente; he querido traer a este espacio de crítica como un ejemplo positivo de creación dentro de la comercialidad. Lo es en la medida en que apuesta por metas que logra alcanzar, en que toca a los públicos con una idea sana, entretenida, fresca sin ser novedosa. El arte no tiene que romper siempre los moldes, también existe para extender el consumo hacia zonas generadas a partir de la fusión de gustos, la confluencia de estilos. En ese sentido, Nadie Como tú esboza el camino de los públicos en torno a dos artistas y el deseo de verlos colaborando en un video de salsa. Tan sencillo como eso. El fenómeno, como acto de consumo y de conformación de la agenda artística, es interesante, coloca el punto de mira en el streaming como espacio legitimador y como plataforma en la cual se dan tanto los encuentros como los quiebres de este género híbrido. Unidad de dos estilos sonoros, fusión musical, choque y concordancia de visualidades en una misma propuesta. Tales serian las etiquetas que desde la crítica se le pueden endilgar al video. Vale destacar que, en cuanto a la presencia de la mujer, tan común en lo romántico, se apuesta por un concepto de belleza que no está centrado en el canon. Hay presencia de variables, lo cual nos lleva a asumir que los directores fueron conscientes de que el público también necesita eso, ser educado en cuanto a lo que prefiere, a lo que se erige en paradigma de elección. Pudiera parecer un detalle menor, pero no lo es en un universo visual en el cual demasiadas veces vemos un tratamiento de lo femenino desde lo monótono y un concepto de la belleza que no se sale de lo que comercialmente se ha facturado. Nadie como tú nos dice que hay beldad en los pelos rizos, en la piel blanca o la trigueña, en la mujer delgada y en la que no lo es; por tanto la exaltación sube un escalón más, al no quedarse en lo físico, sino que se adentra, intenta conmocionar desde la iluminación de otros factores como la personalidad, el momento romántico, el deslumbramiento y lo sano de una relación.
Si hiciera una fiesta en el patio de mi casa con los amigos, pondría Nadie como tú, si tuviera que volver a enamorar a una chica, también. El tema está hecho para eso, funciona como un puente simple, bien hecho, cuyo consumo masivo y peso en las plataformas hablan del acierto y del pensamiento comedido de sus realizadores. Para los seguidores de ambos cantantes es un regalo, salido de sus deseos, de los comentarios en redes sociales. Cuba tiene que aprender a mirar hacia el mercado no con una mirada culpable, no con los ojos pecaminosos; sino como la oportunidad de hacer a veces productos que, aunque no sean la quintaesencia, funcionan, gustan. Y eso, también es importante.



