Periodista de formación, pero realizador audiovisual por convicción, Claudio Peláez es de esos creadores que no logran —ni quieren— despojarse del arte de la palabra. Entre cámaras y el grito de «¡acción!», ha encontrado una manera otra de acercarse a la realidad. A veces desde el humor y la sonrisa franca; otras, desde la mirada escudriñadora que no esquiva los colores menos complacientes del contexto cubano. Siempe con la certeza de que trabaja para un público cuya respuesta —esté entrenado o no en el universo audiovisual— debe traducirse en goce, complacencia y reflexión.
A propósito de sus más recientes propuestas, conversamos con él.
—¿Cómo defines el momento actual de tu creación?
—Lo primero es que andamos con mucho trabajo y, a la vez, con igual cantidad de retos. Así lo defino: siento que he logrado cosas, alcanzado metas que en algún momento me propuse; pero, a su vez, necesito renovarme, seguir aprendiendo, experimentando dentro del lenguaje audiovisual.

A pesar de haber vivido un 2025 con bastante producción, al observar lo que hay alrededor en materia creativa, la máxima es continuar indagando y, sobre todo, seguir reinventándonos. Creo que el principal desafío para un creador de cualquier manifestación artística es no repetirse, independientemente de que siempre haya un estilo propio. La cuestión es sorprender al espectador, tratar de comunicar algo nuevo desde un lenguaje renovado, con códigos novedosos; crear un efecto de asombro que, además del mío, provoque continuamente al otro.
—Concluiste el pasado año con Premios Lucas a tu haber e inicias este 2026 con dos propuestas muy interesantes. Cuéntanos de ellas.

—Sí, este ciclo ha iniciado con propuestas que nos satisfacen sobremanera. Acabamos de presentar los videos «Almanaque» e «Ir de tu mano», dos audiovisuales que involucran a jóvenes creadores y creadoras de la AHS y promueven su obra.
«Ir de tu mano» lo concebimos para acompañar los festejos de fin de año del pueblo cubano; es un tema del cantautor Nelson Valdés. «Almanaque», por su parte, es un video que hicimos a propósito del Día de la Rebeldía Nacional, y se trata de una reinterpretación de la canción homónima del trovador Noel Nicola.
A esto se une un tercer videoclip, titulado «Para no caer», de Buena Fe, con el que me siento muy feliz por el resultado y la acogida que está teniendo. Creo que es una realización que ha dado mucho de qué hablar y lo seguirá haciendo, porque aborda un tema muy sensible: la adicción a las drogas, un fenómeno que golpea tanto a Cuba como a la sociedad mundial.

Estamos viviendo un momento de crisis de todo tipo, y las drogas están siendo, para algunos, una vía hacia dónde buscar y escapar. Y eso también muestra cuán frágiles estamos siendo como sociedad. Por eso siento que «Para no caer» es una invitación a que no sea ese el camino a seguir. Estoy muy satisfecho porque en esta oportunidad se trabajó con personas adictas, pacientes en rehabilitación. De ahí ese tono documental que me encanta asumir; creo que no logro desprenderme de mi mirada periodística, y eso queda muy reflejado en este video.

«Para no caer» me invitó a crear y hablar desde otros códigos dentro del video clip, cosa que no había hecho antes. Por ejemplo, confeccionamos un mural con el artista Javier Agudo, del proyecto Arte.92, que refleja, de alguna manera, la vida y el sacrificio de esos muchachos. Utilizamos técnicas de iluminación, puesta en escena, actuación… Considero que en ese sentido es un producto bastante integral. No había logrado algo tan complejo como esto. Me sacó de mi zona de confort y me permitió explorar otras maneras.
—Has logrado una química en el orden estético con Buena Fe. ¿A qué se debe?
—Así es, y tiene que ver mucho con el hecho de haber crecido junto a la música de Buena Fe, en primer lugar. A esto se suma que la vida me ha dado el privilegio de viajar por toda Cuba con ellos desde que estaba en mi etapa universitaria. Siento que eso ha marcado mi manera de entenderlos, estudiarlos e intentar estar a la altura de su obra.
Al final, creo que somos creadores comprometidos con la realidad: discurseamos sobre ella, criticamos el contexto, y eso nos hace, quizás, compenetrarnos bien. En lo personal, soy muy feliz con los trabajos audiovisuales que les he realizado hasta el momento. Han tenido buena acogida, el público los ha entendido. Creo que esa sinergia y acoplamiento nacen del hecho de compartir valores estéticos y éticos, lo cual favorece un entendimiento claro y transparente. Cada cual confía en el otro porque prima la responsabilidad de saber que cada audiovisual representa un reto por el compromiso que cada quien tiene con su obra. Procuramos que cada uno eleve al otro. Se trata, simplemente, de «ir de la mano».

—Próximos proyectos, Claudio.
—Pues ahora mismo estamos conspirando para un nuevo video de Buena Fe. Con Edku probablemente realizaremos otro material este año, y la AHS tiene previstos algunos trabajos para los próximos meses. Me gustaría rodar algún documental, pero andamos enfocados en resolver situaciones de logística y presupuestos.
Por otra parte —y no por ello menos importante— nos interesa también seguir generando contenido para las redes sociales. Es otro tema a tener en cuenta, y mucho: llenar el espacio digital de contenidos audiovisuales diferentes, que inviten a pensar y a desmontar estereotipos.

Con el deseo resuelto de continuar aupando a su equipo de trabajo, Claudio Peláez afirma que su más urgente proyecto profesional es «continuar conociendo e integrar al equipo de Claudio Visual a buenas y capaces personas que me enseñen y podamos aprender juntos». Porque, como él mismo sentencia: «Hacer video clips es un ejercicio de algo más grande a lo que uno quiere llegar como creador. Es un gran ensayo de algo mayor que quisiera lograr, como hacer ficción: corto o largometraje… Es como un ensayo en caliente con el equipo, entendiendo fenómenos, procesos, modos de decir y hacer, explorando el lenguaje audiovisual».



