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Mauricio y Adrián, cómplices de Lucas

Por: Rachell Cowan Canino

Unas de las alegrías más grandes para un artista son la calidez y el amor con que el público lo acoge, en el escenario que sea. Como también es alegría para ese público que los artistas lleguen hasta él. Así ha sido con el proyecto Lucas, encargado de llevar por toda Cuba el arte y el buen gusto por la música y el audiovisual.

Hace algunos días, artistas como Wil Campa, Mayco D`Alma, Adrián Berazaín, Mauricio Figueiral y Karen Giselle, emprendieron viaje hasta el Oriente del país para entregarle al pueblo de Granma y Santiago de Cuba; lo más selecto de sus respectivos repertorios.

Los espectáculos, conformados a lo grande, lograron fusionar la trova, el pop, la balada y la música popular cubana. Pero para contarnos la experiencia personal de esta gira, hablamos con Adrián Berazaín y Mauricio Figueiral, jóvenes cantautores cubanos.

“Fueron espectáculos donde pudimos cantar los temas más representativos de nuestra obra. Mauricio y yo, por los años que tenemos de conocernos, hacíamos un solo bloque de cierre; él cantaba una, luego yo otra y cerrábamos con La camarera. Fue una gran responsabilidad porque nosotros fuimos sin banda”, relató el autor del tema Guajira rockanrolera.

Por su parte, Mauricio recuerda los días de la gira con mucho orgullo: “A Lucas llega casi todo artista que está interesado en tener una presencia mediática. Estamos en una época donde la música se ve más de lo que se escucha, y que hayan pensado en mí y en Adrián ―y además a guitarra como trovadores―, demuestra que el Proyecto Lucas sigue apostando por lo que ha sido tradición toda la vida en Cuba.

“Eso es una lección para nosotros también que por querer estar a la moda, por querer conectar con el público cubano actual tratamos de ser lo más espectaculares posibles. El resultado que tuvimos en la gira demuestra que independientemente de todo el reggaetón, a pesar de toda la música popular bailable que ha sido parte de nuestro ADN. Sigue habiendo un espacio en la memoria emotiva de este pueblo para la trova y la canción de autor.

“Disfrutamos mucho, trabajamos incansablemente, llegamos con un agotamiento tremendo porque no solo fueron los conciertos; sino otros compromisos”, confiesa Mauricio.

Para Adrian Berazaín, esta serie de espectáculos fueron muy productivos, pues llegaron nuevas amistades, se formaron recuerdos bonitos y hubo mucha retroalimentación.

“Sin dudas, para el Proyecto, estas giras nacionales le aportan la difusión, la presencia viva más allá de la televisión y para el artista representan promoción. No siempre se tiene la posibilidad de ir a San Pablo de Yao a tocar y cantarle a la gente, y de pronto cantar un tema que la gente se sabe, es muy reconfortante”, afirmó el Bera, como lo llaman sus amigos.

De anécdotas y momentos memorables

Cuenta Adrián que cantar en La Demajagua donde se inició todo un proceso de revolución en la sociedad cubana, hace ya 150 años, fue muy interesante. “Cantar La Bayamesa, precedente del Himno Nacional y hacerlo en La Demajagua donde Céspedes le dio la libertad a los esclavos, con la rueda al fondo, fue muy emocionante”, refleja con sensibilidad.

“La parte triste es que la mayoría de las personas no conocían la canción o tenían una vaga referencia; y no solo los muchachos jóvenes ―que quizás poseían una idea por la película Inocencia― sino también gente mayor. Pienso que esa es una canción que debemos rescatar, pues es antecedente de nuestro himno. Solo por eso debiera ser identificada siempre, y espero que la gente reflexione sobre ello”.

Para Mauricio Figueiral, dos momentos significativos marcaron los días de la gira por el oriente del país. “En lo personal me hacía mucha falta ver cómo piensa Cuba. Nosotros tenemos el criterio muy habitual de que Cuba es La Habana y eso me parece un error garrafal. Hay mucho país y múltiples maneras de percibir el arte; de agradecer por el esfuerzo de un espectáculo como este”, afirmó el intérprete de Flores de Tequila.

“El momento más emotivo para mí fue fuera del escenario. Estábamos saliendo del Teatro Heredia, en Santiago de Cuba, muy agotados luego de varios días de marcha, y nos reconocimos a nosotros mismos. Resaltamos el esfuerzo que habíamos hecho los artistas y todo el equipo técnico. Era una gira de más de 80 personas con gente trabajando día y noche.

“Y el momento más crítico fue cuando saliendo de uno de los espectáculos, Orlando Cruzata nos dijo que en una escala del 1 al 10 nos valoraba en 8,5. Nos señaló algunas cosas sobre la dramaturgia de los conciertos. El primer impacto fue sentirnos un poco derrotados, pero esa propuesta de él de mejorar consiguió que el resto de los espectáculos fueran más coherentes. Cuando se trabaja con sinceridad, en función de un proyecto común: de la gente, del pueblo de Cuba, todo mejora”, argumentó Figueiral.

Esta serie de conciertos que propone el Proyecto Lucas llevan el arte de varios artistas, defensores de los más disimiles géneros cubanos, a cada rincón de la geografía. La idea es sumar creadores a esta noble idea y que seguirá su camino por resto de Cuba.

Tanto Adrián Berazaín como Mauricio Figueiral, casi sin quitarse el polvo de la carretera, se encuentran enfrascados en mucho trabajo. El primero, cumpliendo el sueño de realizar la música para dos nuevas telenovelas cubanas, algo que lo hace muy feliz y llena de orgullo. Mientras que Mauricio acaba de recibir la noticia de que su última producción discográfica La buena vida, ha sido nominada al Cubadisco 2019.

Estos dos talentosos jóvenes, demuestran cuando hablan el respeto y la alegría que sienten al recorrer el país con su trabajo. Y es que para quien lleva el arte en la sangre y en el corazón, el reconocimiento del público es la mayor satisfacción.

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