El Lucasnómetro, el termómetro cultural que desde 2004 define los gustos audiovisuales de Cuba, celebra su edición de verano el 22 de agosto de 2025 en el Teatro Karl Marx, consolidándose como el evento imprescindible del verano cultural cubano. Este mecanismo de medición —creado por el espacio televisivo Lucas— continúa siendo un éxito por su capacidad para fusionar innovación, inclusión y relevancia cultural en un país donde la música es columna vertebral de la identidad.
¿Por qué sigue triunfando?
- Pluralidad auténtica: A diferencia de rankings comerciales, el Lucasnómetro integra géneros diversos —desde la salsa hasta el urbano— y valora tanto la calidad artística como la aceptación popular. Como señala el artículo: «No siempre tiene que ser entre los temas más radiados, pero felizmente en ocasiones coinciden».
- Plataforma de lanzamiento: Artistas como Buena Fe reconocen su deuda con el espacio: «No imaginamos nuestra carrera sin Lucas. Siempre nos tendió su espacio». El proyecto ha descubierto talentos y consolidado carreras mediante exposiciones semanales en Cubavisión.
- Adaptación y resiliencia: Dirigido por Orlando Cruzata, Lucas evolucionó desde sus campañas humorísticas hasta abordar temas históricos como la gira «Nosotros somos ellos» (2018), que rindió homenaje a los 150 años de luchas independentistas. Esta flexibilidad mantiene su relevancia.
- Conexión nacional: Las giras por provincias —desde La Demajagua hasta San Pablo de Yao— demostraron que el proyecto trasciende La Habana. En 2018, llenó plazas en Manzanillo, Bayamo y Santiago con espectáculos que mezclaron a Will Campa (son), Karen Gisell (pop) y agrupaciones locales como La Original de Manzanillo.
El verano 2025: Un Karl Marx vibrante
La edición de este año prometió ser un mosaico de lo mejor del audiovisual cubano y lo cumplió. El Lucasnómetro trasciende lo musical: define tendencias y respalda creaciones y refleja la diversidad generacional y geográfica de Cuba.
Mientras otros espacios sucumben al cambio de hábitos de consumo, Lucas perdura porque entendió que en Cuba, la cultura no es entretenimiento: es el corazón que late entre el pasado y el futuro.