Me voy pa’ mi casa
La Habana, cualquier año de los últimos tiempos. Una acera de la calle Línea y unos autos viejos que pasan a todo dar. Se oye la canción que se repite como un bucle y que cae sobre el pavimento caliente: “Me voyyyyyyy, pa mi casa…” El ritmo existe en una dimensión alternativa, se rompe en pedazos cuando pasan las personas que lo escuchan y se deconstruye. El almendrón de los años cincuenta es un carro duro, cuya carrocería es la misma, pero por dentro lo han rehecho varias veces. Pienso que aquel año yo relacionaba la naturaleza híbrida del automóvil sobreviviente con el género que sonaba por todas partes. Cimafunk salió de su entorno, de sus amigos y fiestas estudiantiles, cambió una carrera por otra. La esencia híbrida también es una cuestión que lo define. Un poco como un almendrón al cual se le realizan remiendos que parecen orgánicos y funcionan para seguir rodando.
