El reparto y su genealogía
Una reflexión me lleva a plantearme las relaciones entre el reparto y sus orígenes sociales. Bourdieu habla del capital simbólico como esa vertiente de la materialidad que no se expresa en su manera toscamente entendida, sino a partir de nexos culturales en la propia esencia de los procesos sociales. Esta contradicción entre materia y espíritu que se da en el arte no reside en una expresión hipostasiada del pensamiento, sino que evidencia la conflictividad material de la vida. Dicho de otra manera: el capital simbólico se manifiesta como una sustancia propiamente conformadora de la materia. En el caso del reparto, hay categorías morales, sociales, culturales que entran en una crisis a partir de su uso ya sea como enunciado o como denuncia. El acriticismo de una porción importante de las producciones reside en la ponderación de estamentos vacíos de significado, pero que disfrutan de una empatía automática en sectores del mercado. El criticismo y la toma de conciencia —si bien se han dado en buena medida— aún apuntan hacia un fenómeno marginal en la centralidad del comercio cultural. Un reparto bastante considerable sigue fórmulas con un marcado tono sexista, donde la violencia y sus derivaciones persisten.
