JP Venom: el mito del castillo de humo

JP Venom es un artista que ha venido creciendo con cierta rapidez en el género urbano. Desde el lanzamiento de Don´t call en febrero del 2024, su nombre se posiciona en las listas de reproducción con una sonoridad que se enmarca entre la fusión, el reparto, el hip hop y el rap. Una estética que, sin resultar necesariamente original, nos ofrece la perspectiva de una carrera en ascenso que merece ser abordada.

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JP Venom: el mito del castillo de humo

JP Venom es un artista que ha venido creciendo con cierta rapidez en el género urbano. Desde el lanzamiento de Don´t call en febrero del 2024, su nombre se posiciona en las listas de reproducción con una sonoridad que se enmarca entre la fusión, el reparto, el hip hop y el rap. Una estética que, sin resultar necesariamente original, nos ofrece la perspectiva de una carrera en ascenso que merece ser abordada.

El videoclip Mito precisamente es como un crisol de los ingredientes que se reúnen en todo discurso estético del género urbano, pero con un tono dark en el diseño visual. Está filmado en el Edificio Girón, en las inmediaciones del malecón habanero, un sitio que, sin estar precisamente en mal estado, tampoco es de lo más vistoso de la ciudad. El inmueble posee ese aire de abandono, cuyos colores entre el gris, el tono terracota y el negro lo posicionan como uno de los agujeros de una visión ya ida de la realidad cubana. No obstante, el video usa recursos que reactualizan el escenario y lo convierten en un elemento gráfico concomitante con lo dicho en la canción.

Pareciera que Mito nos habla de algo más que los temas habituales del reparto o cualquier variable de la sonoridad urbana. Sin embargo, esa alusión oblicua que se evidencia en lo visual y en la letra, nunca llega a aterrizar en un significante sólido. El tono dark de la porción gráfica nos ofrece pistas. Hay un juego con las sombras, se usan planos invertidos de las escaleras del edificio. Por un momento la estética roza lo surrealista. En todos esos planos, nos siguen hablando sobre la realidad cubana. El uso de un solo local, con el muro del malecón como contrapunto, nos trasmite una sensación de encierro, opresiva.

El blanco y el negro ostentan una eficacia que conduce hacia la asfixia visual. Mito apuesta por un trabajo en la fotografía que ayuda a la canción para que adquiera otras dimensiones conceptuales. Pareciera que se toma la estructura significante del título para contaminar el resto de la pieza a partir de una alusión oblicua a una realidad que queda elidida. ¿Cuál es el mito?, ¿el del cantante en ascenso?, ¿el del edificio que pareciera abandonado?, ¿el de la ciudad habitada por sombras? El videoclip juega con esas fronteras y, aunque pareciera un material más en el universo urbano, posee marcas que lo convierten en una propuesta interesante.

Se extraña, en ciertas escenas, la continuación de esa estética oscura que le otorga dimensiones mayores al concepto central. Quizás el realizador —tratando de acercarse a la industria— deja por momentos de confiar en su talento e intuición y recurre a recursos manidos que se colocan en oposición con los anteriores. Nada de eso empaña la recurrencia a un procedimiento que nos regala un producto logrado. Existe, en este caso, una evolución hacia algo que se ha propuesto partir de la industria y alcanzar otra orilla. Los públicos lo entienden y en las redes sociales, sobre todo en la caja de comentarios del videoclip oficial en YouTube, se aprecian mensajes que reconocen lo distinto, la calidad y el sello de JP Venom.

Más allá de esa posición intermedia entre el público masivo y la calidad de un producto en sí (lo cual lo hace hasta cierto punto autónomo), el artista está logrando en unas entregas visuales lo que tomaría años de maduración. En otras ocasiones, en este espacio de crítica de Lucas, me he referido al género urbano como una sonoridad con posibilidades de fusión, capacidad evolutiva, plataformas para su visibilidad y perspectivas. Creo que estamos ante un caso que ofrece todas esas ventajas para su desarrollo. No solo porque al artista no le interesa lo meramente mercantil —y se aprecia en este video— sino porque el propio género está pidiendo a gritos desde hace tiempo ese posicionamiento fuera de un canon, alejado de una sonoridad consabida. Tanto el reparto como el resto de los ritmos urbanos están experimentando una transformación como resultado de su contacto con el exterior. A veces para bien, otras para reafirmar estereotipos. Lo cierto es que en la construcción del espacio mediático se dan exigencias que modifican el formato. Nos guste o no, ahora mismo existe una salida exitosa hacia el mercado internacional de estos ritmos y la cultura cubana debería sostener otra mirada menos prejuiciosa. Allí hay un nicho para el trabajo, para la concreción institucional de políticas públicas orientadas al desarrollo de talentos y el trabajo con la maltrecha industria cubana del disco.

JP Venom ha hecho un producto que sin abandonar lo comercial nos permite bucear en una realidad alterna a lo que tantas veces hemos visto. Hay un rejuego con las sombras que invalida la recurrencia a lugares comunes. Existe una apuesta por lo oscuro que nos está advirtiendo de un discurso soterrado, decadente en sus alusiones, pero no en su núcleo conceptual. La elipsis de sentido se construye con éxito, profesionalismo, sin faltarle al canon, sin abandonar la musicalidad urbana. Estos géneros tienen mucho que enseñarnos, en su interior late el talento genuino de artistas que sin tener toda la academia ni toda la preparación, poseen las claves de un tiempo y un espacio. Negarnos a la posibilidad de oírlos es como encerrarnos en una burbuja de consumo. Mito es un videoclip que alude precisamente a la falsedad de ciertas ideas que se convierten en sombras, cuyo centro pareciera no existir. Volutas de humo que a distancia poseen solidez, pero que al tocarlas son solo eso: la nada.

La canción no lo dice con estas palabras. Ahí también hay elipsis del lenguaje. El formato sigue siendo urbano, tenemos que decodificarlo como parte de la escucha activa. Pero el mito persiste ahí, subyacente a una realidad llena de sombras y de espejismos. El Edificio Girón no es una locación usada al azar, ya que desde su propio nombre posee simbolismos que lo reposicionan. Acudimos a un nivel deconstructivo en cada elección de este material que nos dice de una elocuencia soterrada.

La elipsis, lo que se dice a medias y mediante sombras, aquello que existe y no osa decir su nombre. Todos esos significantes proceden de la alta poesía y sin embargo los hallamos en Mito. Quizás estemos obviando la subversión de una estética como el género urbano, solamente por prejuicios sonoros. Aquí hay cambio, aquí hay conflictos y lenguajes que se entrechocan. Las sombras que emanan del edificio y llenan la pantalla son algo más que recursos. El uso del mito como un castillo de humo que se desbarata junto al malecón nos dice demasiado. Por ahora, también yo haré uso de la elipsis en esta crítica, para no pecar de obvio o de excesivamente literal.

Fútbol, música e imaginarios colectivos

La realización del Mundial de Fútbol es el momento perfecto para reflexionar sobre la relación que ha tenido el evento global con el género videoclip. Baste decir que, desde Italia en 1990 se comenzó la tradición por parte de la FIFA de lanzar una pieza oficial en cada una de las sedes, con el objetivo no solo de dar a conocer elementos culturales, sino de universalizar valores. Con anterioridad, en los años 80 hubo canciones, espectáculos, símbolos masivos; pero el uso del video como vehículo del deporte tuvo una eclosión a partir de los cambios de finales de dicha década. La globalidad marcó una pauta unitaria en el consumo. De pronto todos querían ver los mismos eventos a la vez, estar en los mismos sitios. El mundo fue otro desde que no estuvo dividido en dos sistemas. Para personas que vivieron en los 80 el panorama era totalmente distinto, recordemos cómo las Olimpiadas se convirtieron en un terreno de guerra fría cultural: Estados Unidos boicoteó la sede de Moscú en 1980, la URSS ripostó en Los Ángeles 1984. Deporte y política siempre han tenido una relación tensa, llena de fricciones.

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Globalización y mercado en la obra del artista que emigra

Conversando con una joven realizadora audiovisual que reside fuera de Cuba pude entender varias de las dinámicas del artista que emigra. Para nadie es un secreto que las condiciones materiales que atravesamos también afectan la creación, lastran la posibilidad de acceder a recursos, oportunidades, espacios. Mucho más cuando hablamos de carreras cuya concomitancia con varias especialidades constituye uno de los pilares. Necesariamente, el videoclip requiere de equipos de trabajo, seguimiento y monitoreo de redes sociales, retroalimentación, pensamiento de imagen y marketing. En un país con más de 24 horas de apagón, en el cual el tiempo se gasta en la subsistencia, la realidad impide que un artista lleve adelante su mejor versión. Otros horizontes, no obstante, pueden parecer desde lejos ventajosos, pero entrañan dificultades de índole objetiva y subjetiva que impiden el acceso fácil.

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En la consulta del médico del flow

Cimafunk es un artista que ha marcado la rítmica cubana en los últimos años. Su internacionalización rápida, poderosa, colocó éxitos en las listas más exclusivas. La música de este autor se caracteriza por ser una fusión total, en la cual se mezclan los sonidos caribeños con el hip hop y el pop latino. El resultado es una explosión que se transforma en un sello muy propio. “Paciente” nos habla sobre las relaciones sociales, coloca el foco en aquellas personas que transgreden lo normal y viven más allá de los juicios, los frenos. La canción y el videoclip —ya disponibles en las plataformas digitales— están teniendo éxito de público. Este autor hace gala de ser el médico del flow. Una figura que, aunque joven, posee la madurez y las herramientas para poner a bailar a medio mundo. No en balde ya lo ha logrado.

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Diógenes y el espejismo del consumo

La pasada semana le dediqué, en este espacio de crítica, mis reflexiones a un tema de reparto donde se alude y parodia la música clásica. En cierta medida, la reflexión estuvo motivada por el interés que me mueve en torno al género urbano como fenómeno sociocultural que —a mi entender — merece un acompañamiento y una jerarquización consciente en cuanto al consumo. Uno de los procesos más duros y complejos a lo largo de años de producción audiovisual en Cuba ha sido el del criterio. Se requiere un alto nivel de especialización, aprendizaje y ejercicio. Desde el lamentable deceso de Rufo Caballero hemos necesitado de procedimientos deconstructivos que estén a su altura en cuanto a nivel teórico y capacidad de análisis. Una vasta producción de videoclips no estuvo bajo el escrutinio del Caballero de la crítica. La huella entonces ha sido larga, así como la ausencia de esa sombra bienhechora.

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