En medio de su más reciente gira por España y con la noticia de que su disco Ni un paso más fue nominado a los Premios Cubadisco; Leonardo García, el cantautor, el artista total, concedió parte de su tiempo para Lucas.
Su voz forma parte de la banda sonora de quienes crecimos entre las aulas de la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas, las peñas de trova y los espacios culturales de Santa Clara. Ahora, cuando su figura se ha globalizado mucho más, me interesa volver a la persona que desde hace años conozco y con la cual he coincidido en nuestra ciudad.
Perteneces a una generación que emergió con fuerza en los años 90, ¿cómo recuerdas aquellos inicios, ¿qué espacios y dinámicas les dieron vida?
Tuvieron gran protagonismo los predios universitarios, allí conocí el movimiento, en los festivales de artistas aficionados tanto en el Pedagógico Félix Varela como en la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas. Aunque se hacían encuentros en la ciudad de Santa Clara, los más entrañables eran en los predios estudiantiles.
A diferencia de otros colegas tuyos decidiste permanecer en Cuba, ¿qué te ha llevado a tomar y sostener esa decisión?
Supongo que el sentirme en casa cuando estoy en Santa Clara. Eso es lo fundamental, aún con todas las dificultades que existen, allí camino y converso todo el tiempo con personas que conozco. Eso me alimenta permanentemente.
En tu concepción de la música se notan influencias del rock, el blues, el bolero, no solo de la trova tradicional y la nueva trova, ¿cómo integras esos lenguajes, ¿te sientes cómodo con la etiqueta de trovador o prefieres llamarte cantautor?
Siempre ha sido mi objetivo hacer un repertorio diverso, abordando rítmicas que puedan sucederse en un espectáculo que recorra posibilidades distintas. Quiero abordar la música desde la guitarra. No me interesan las etiquetas, en Cuba se habló siempre más de la trova y yo pudiera pensar que por mi gusto por la guitarra tengo que ver con el término trovador. Pienso que la gente puede dar el calificativo que más les plazca. Yo haré lo que sé hacer y lo demás que transcurra con libertad.
En tus canciones suele haber espacio para la reflexión social tanto, como para el amor y el desamor, ¿qué buscas priorizar en tu composición: contar tu tiempo o conectar con emociones?
He contado mi tiempo y a la vez he buscado esencias universales para el ser humano. Aunque creo que prevalece lo segundo. Intento hacer algo nuevo con mi obra, consciente de que es dificil no parecerse a la música ya compuesta y a mis propias canciones. Así que es difícil encontrar algo que me sugiera novedad, pero siempre aparece.
¿Cómo es tu proceso creativo?, ¿naces de la guitarra, de una letra, de una imagen o de una mezcla?
Por lo general parto de un ciclo armónico/melódico interesante. O también de una frase que nazca junto a la melodía. Todo eso pasa luego de mucho trabajo, por lo general con interrupciones, que es lo que lo torna tan complicado. No siempre fue así, pero la vida no es como uno quiere. Así que voy insistiendo con las musas, hasta concretar la canción. Ese es el momento creativo más disfrutable, cuando alcanzas a poner las palabras precisas en la música que te sugiere novedad. Tremenda sensación.
¿Cómo ves la salud actual de la canción de autor en Santa Clara?, ¿hay jóvenes que tomen la guitarra y la palabra con discurso propio?
Hay canciones nuevas para realidades nuevas en nuevas voces. Santa Clara y la isla cuentan con eso. El hecho de intimidad de un ser con una guitarra es algo inevitable. Ya después que sea más o menos visible resulta otra cosa. Pero sigue ocurriendo y desarrollándose y como cada persona es un mundo, pues aparecen nuevas obras y discursos. La investigación y la experiencia de encontrarse uno mismo son definitivas en eso, entre tantas otras influencias.
Con el auge masivo de los géneros urbanos ¿la trova ha quedado confinada a circuitos pequeños?, ¿dónde se puede escuchar hoy a un trovador como tú?
La trova tiene sus espacios más o menos desarrollados según las circunstancias. Santa Clara posee un gran apoyo institucional y también un grupo de artistas alrededor de la canción que les dan forma a varios espacios. Pero eso, lamentablemente, no siempre ha sido así. Hay ciudades donde hubo grupos importantes de trovadores coincidiendo en época que se disgregaron, quizás por falta de ayuda, también por la emigración, las difíciles condiciones económicas. En la misma ciudad de Santa Clara hemos sufrido las partidas de importantes figuras de la trova y otras personalidades del arte. En mi localidad, espacios como el Mejunje, el Museo de Artes Decorativas, la sede de la Asociación Hermanos Saíz y La Luna Naranja son esenciales para la trova y a día de hoy se mantienen con mucha fuerza.
Has participado en proyectos colectivos y en conciertos homenajes a colegas fallecidos, ¿qué valor le das a esa comunidad frente al trabajo estrictamente solista?
Compartir espacios, ensayos, música e historia con los demás artistas que realizan un trabajo cercano al mío es lo que genera un movimiento. Genera nuevos proyectos y una mayor visibilidad. Aunque es imprescindible el trabajo individual, el estudio diario con el instrumento. Participar en proyectos de otros trovadores, cantar, grabar sus canciones; todo ha sido para mí un reto y un honor. Además de un placer.
¿Cuál ha sido el concierto más dificil o emotivo que recuerdas?
No tengo uno solo. Los más difíciles son los que tienes que hacer con problemas vocales y que son ineludible y han sido varios. Los más entrañables: Casa de las Américas 2012 y 2014; varios en el Museo de Artes Decorativas y en la Galería Provincial de Arte, en la Bombilla Verde. Fuera de Cuba guardo recuerdos gratos: Jazzville de Madrid, La Tregua de Sevilla, El Taller Tumbao de Alicante, la Minga en Buenos Aires o Distrito 7 en Rosario. Es dificil escoger entre tantos conciertos y momentos, es injusto.
Si alguien nunca te ha escuchado y te pide una sola canción tuya para entender quién eres, ¿cuál elegirías y por qué?
Puede ser “Bailando en la telaraña” así sin detenerme casi. Tiene una parte que dice: “La felicidad tacará la puerta y tú tienes que aprender a reconocerla”. Termina diciendo: “Es inteligente convocar al bien para subir la montaña”.
No sé por qué cuando pienso en Santa Clara, suenan en mi mente las canciones de Leonardo García. Muchos son los trovadores que han hecho vida en la urbe, pero su forma de asumir la felicidad desde el hallazgo me parece apropiada como acto de resistencia y goce estético. Mientras los ecos de su gira y del Cubadisco se amplifican, percibo que Leonardo no es un hombre de premios —si bien cuenta con muchos— sino uno de fe, uno que apuesta por la ciudad, los amigos y la permanencia.



