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Ray Fernández, la trova con humor

Ray Fernandez Cantando

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Por: Lisdanys Alfonso

A Ray Fernández lo inspiran todas las situaciones. Él toca y punto. No es graduado de escuela de arte, pero apuesta mucho por los músicos que tiene. No posee una noción teórica como ellos de la música, pero es “improvisativo” y experimental. Hay en él una mezcla de rap, hip hop, mucho son y guaracha. Su ingenio lo ha llevado a exprimir del lenguaje la dosis de picante justa para que al pensamiento del espectador no lo ahogue la risa mordaz de sus canciones. La vehemencia de este trovador se desborda con su voz, con el histrionismo con que se proyecta en escena y la jocosidad para entretener y cultivar toda clase de públicos.

En 2017, la empresa discográfica EGREM produjo su tercer disco titulado Mamá ando contento. Esta nueva producción incluye el tema “Al que fuma, bebe y canta”, canción que cuenta ya con un videoclip —el segundo luego de Pídelo todo mujer—, bajo la producción de Claudia Beltrán y la dirección de Luis Lago, este último con quien lleva, según Ray, cuatro clips.

Cuéntanos sobre tu experiencia en la realización del videoclip de la canción “Al que fuma, bebe y canta”, la cual conforma uno de los CD premiados en el pasado Cubadisco 2018.

Luis Lago es un director con el que llevo trabajando hace tiempo. Como somos muy amigos existe una comunicación más fluida. Discutimos mucho acerca de la producción, del vestuario, de mejorar la estética y qué queríamos hacer y por dónde iba a conducirse el video.

Fue muy complicado la concepción de este video debido a los puritanismos de la televisión acerca del alcohol y el cigarro, teniendo Cuba uno de los mejores rones del mundo y el mejor tabaco, sin hablar de la promoción que se hace de ambos. Queríamos tener mucho cuidado para que el videoclip no fuera un discurso apologético del alcohol porque, al contrario, “el que fuma, bebe y canta se le jode la garganta”. Por eso comienza con un accidente automovilístico en el que ocurre un incendio por el mismo hecho de estar bebiendo y fumando al conducir. Asimismo, la selección del repertorio para el videoclip fue sumamente importante.

Elegimos una canción que provocara. Una canción de otro corte más romántico, o un bolero, hubiera sido muy soso, no me provocaba. La EGREM es quien subvenciona el clip. La canción habla de Silvio, de Pablo, de Sabina; al final apostaron por ella y salió.

Háblame de la experiencia que tuviste en el país vasco en julio pasado. ¿Cómo fue el intercambio con esa cultura?

En veintidós días hicimos nueve conciertos. Junto a Ares y Joseba fuimos a hacer un concierto a Euskal Herria (País Vasco) en un festival llamado EHZ, sobre el idioma euskera. Fuimos a promovernos un poco por allá. Grabamos una música, hicimos bastante cobertura con la prensa, la televisión y la radio. Allí compartimos escenario con músicos vascos como Rafa Rueda e Inés Osinaga. Estuvimos por Berriatua, Elorrio y tocamos en el emblemático Kafe Antzokia de Bilbao.

¿Cómo y por qué surge la idea de armar el cancionero Ray Fernández, el que fuma, bebe y canta junto a Ares y Joseba Sarrionandia?

Hace como tres años fue que empecé a escribir las cosas que incluiría dentro del cancionero. La idea fue de Joseba, para compilar las canciones que estaban sin escribir y solo las tenía memorizadas. Me di a la tarea de escribirlas todas. Él haría el prólogo del libro. Revisarlas luego y seleccionarlas. Ares, el caricaturista, me dijo que quería hacer las ilustraciones.

¿Cuánto ha significado para ti como trovador la figura del periodista y crítico Bladimir Zamora?

Él fue mi mentor. Yo andaba por las calles cuando lo conocí, así como a Fidel Díaz Castro, Eduardo Sosa, Joaquín Borges Triana. Bladimir me prestó atención, me invitó a su “gaveta”, donde vivía era un lugar muy pequeño. Allí me dio música, literatura, me enseñó poetas que desconocía y me presentó en las peñas del Caimán Barbudo. Bladimir siempre fue un promotor, sobre todo de los jóvenes. Nos conocimos en la Plaza de Armas de La Habana Vieja.

En las peñas del Caimán Barbudo él leía poesías y yo tocaba la guitarra. No funcionaba mucho por las características del cabaret. Luego cambié la tónica e incorporé músicos, percusión, bajo, y Bladimir seguía leyendo poemas. Cada vez fue menos porque los conciertos tomaron un corte más cabaretero y él era muy reacio a eso. Él me criticaba mucho el que yo pudiera estarme vendiendo a una cosa fácil. En eso era lo único que discrepábamos. A mí me gustan los Pasteles verdes, Fórmula V, me gustan las canciones cheas, melcochosas, kitsch.

¿De qué manera te ajustas a contextos de públicos diferentes sin perder tu esencia como trovador?

Al principio, en el malecón, no cantaba siempre mis canciones. Interpretaba Lágrimas negras y todo el abanico de la música. Lo que importaba era vender. Cantaba canciones mías, pero me gustaban las canciones de otros también. El problema es que hay que comercializar la obra. Uno debe comercializar su obra. Si yo no quisiera vender la obra que hago me quedara en mi casa, tocara ahí y buscara otro trabajo. Todos tenemos un público, toda música lo tiene, más pequeño, más grande, más de culto; pero todo el mundo quiere someter a juicio de otros su canción. Gustar es bueno. Da satisfacción que te aplaudan, que a la gente le guste lo que tú haces. Todavía voy al malecón y algunas zonas-bares donde hay gente que va a ahogar sus penas y ahí uno se contagia de muchas historias y personajes para crear.

¿Cómo defines a tu público?

Unos “quema´os”. Hay de todo tipo: jóvenes, adultos, muy jóvenes, médicos, militares, deportistas. Muy buena gente. Algunos un poco resabiosos. De todo hay aquí. Un público muy cosmopolita, muy fiel, no perdonan las ausencias. Cuando estoy en el extranjero dejo en mi lugar a Frank Delgado u otros que sean trovadores para que mantengan un ritmo, una estética los jueves de peña. Es muy celoso el público y muy chévere. ¡Además, pagan cincuenta pesos por venir a verme! ¿De qué tú crees que yo vivo? Apúntalo ahí: gracias a mi público.

¿Cuál crees que haya sido la mejor temporada de tu carrera?

Hace once años, antes de entrar al Diablo Tún Tún, porque no era profesional, estaba por las calles. Me sentía bien. Cantar por el malecón de La Habana cuando me echaban el dinero en la guitarra, era muy azaroso. Pero ahora tengo un espacio legítimo, un público. Soy feliz ahora también. Este veintisiete de noviembre cumple la peña del Tún Tún once años”

¿Crees que pueda definirse la trova como un género alternativo?

La trova es la madre de la música cubana y es una actitud. Hay gente que dice que no es trova porque tiene banda, piano, batería. Y no. Creo que es la actitud del hombre con su guitarra frente a un público. Puedes ponerle después percusión, batería. Por ejemplo, mira a Silvio Rodríguez, que ha tocado acompañado de otro formato y con muchas bandas. La trova es una de las fundadoras, una de las fuentes de la música cubana actual.

¿Qué representa para ti el éxito?

Me considero un hombre exitoso por la familia que tengo, por el público, por mi trabajo. Soy amado y querido por mi esposa y mis hijos. Tengo una carrera de vida, no de arte. Vivir esta locura de no dormir lo suficiente, fumo demasiado, bebo mucho alcohol. En otros casos de artistas que no beben, no trasnochan, se cuidan mucho en aras del éxito. No estoy cuestionándolos a ellos; pero yo soy muy despreocupado con eso, soy violento contra mí mismo.

Sin embargo, me considero muy exitoso en el plano personal y en todos los sentidos. El éxito es eso: felicidad. No aspiro a nada más. Si tengo más público aspiro a más, o un Grammy o un disco de platino mejor, pero no me quita el sueño. Por ahí por donde voy me saco los demonios de adentro, canto, tengo mi público, me divierto mucho, bebo, fumo. Yo soy una persona de mucho éxito: muy feliz.

#Ecured Ray Fernández

#Lucas Cuenta

 

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