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La aventura creadora de realizar audiovisuales en Cuba

Con el making of del videoclip Cuba baila casino (tributo a la rueda), sobre el más reciente tema de Elito Revé y su Charangón, el joven realizador Carlos Eduardo Maristany se encuentra nominado a la presente edición de los Premios Lucas 2019. El video es el resultado de una colaboración con el Proyecto Rueda de casino, y tiene como propósito homenajear a ese género bailable en su vertiente más tradicional. Como era de esperar en un audiovisual de su tipo no puede faltar una coreografía: “Todo se montó a partir de una rueda gigante, del tamaño de una manzana, creada mediante efectos visuales, que es el centro a través del cual se estructura la idea. Se filmaron con drones los distintos planos de una rueda de casino; después se compuso todo, incluidos los edificios aledaños que se manipularon en la postproducción para lograr los efectos deseados. En el making of hay mucho baile pero también se ha entretejido una historia que habla del consumo musical hoy, visto desde una pareja de jóvenes que dialoga y evoluciona, a lo largo del clip, en torno a la música durante un ensayo de la orquesta Revé”. Advierte que ha tenido suerte al dirigir proyectos con un fuerte componente danzario, sobre todo de música popular bailable y en menor medida de fusión. Pero no discrimina ningún género musical, ni siquiera el reguetón siempre que la canción ofrezca una propuesta artística que lo convenza o le resulte interesante desde distintos puntos de vista. Confiesa este reportero devenido realizador que respeta mucho el making of porque, al estar concebido para mostrar cómo se hace un audiovisual, se emparenta con el periodismo: “Estoy muy contento de que varios de mis making hayan sido reconocidos en Los Lucas. Este género permite utilizar herramientas artísticas. Sencillamente hay que darle la importancia que tiene y respetarlo. Lamento mucho que en los últimos tiempos se está descuidando bastante y se le presta poco interés por parte de nosotros los realizadores, en un país donde tenemos una tradición tanto de buenos videosclip como de muy buenos making of”. Le preocupa que hoy no exista un espacio en la televisión para la difusión de los making of por lo que sus consumidores, en la mayoría de los casos, no cuenta con la posibilidad de apreciarlos en las pantallas tradicionales –solo a través de las redes sociales o en el llamado paquete de la semana– aún cuando compiten por la carrera de Los Lucas. No quiere ser considerado únicamente como un realizador de videosclip porque ha incursionado también en la publicidad, ha colaborado con directores de cine en la realización de castings, ha dirigido dos cortometrajes de ficción y cuenta con otros proyectos cinematográficos en fase de desarrollo. “Los clips han sido muy importantes dentro de mi carrera porque me han permitido desarrollarme y mostrar lo que puedo hacer. El audiovisual cubano contemporáneo le debe muchísimo al videoclip, no solo a nivel estético sino también en infraestructura, equipamiento y personal”. En su opinión, una buena parte de la logística que se emplea actualmente en el cine cubano proviene del mundo independiente, donde el protagonista y el fundamental motor de desarrollo es el clip: “Me ha permitido experimentar y arriesgarme en aspectos que luego me gustaría profundizar, como es el cine musical”. Aboga porque en los diferentes espacios académicos y competitivos atiendan con más seriedad al clip que pueden llegar a constituir una obra de arte: “Mi idea es buscar un punto medio entre lo artístico, lo que necesita el músico y el tema que él elija. Por eso he realizado videos tan diferentes. Los clips deben parecerse, en primer lugar a sus músicos, luego, solo luego, a sus realizadores. No obstante, el buen observador encontrará elementos autorales en mis obras”. Siente que los realizadores enfrentan cada vez más limitaciones como son incomprensiones, burocratismos y mecanismos que no funcionan bien y disminuyen considerablemente los presupuestos, en detrimento de la calidad: “A veces tenemos que renunciar a ideas que nos parecen interesantes en un proyecto. La creatividad tiene sus límites, sobre todo en el audiovisual”. Aprecia cierta desorganización dentro del gremio de los realizadores en términos de consensos productivos y políticas comunes que contribuyan a su desarrollo. “También nos golpea que algunos músicos cubanos ignoren el papel creciente que ocupa el video dentro de la industria musical, donde cada vez se consumen más productos audiovisuales y algunos todavía no le conceden importancia a la calidad técnica y artística dentro de un clip. “Aprovecho bastante la etapa de preparación y suelo planificar bastante mis rodajes. Soy perfeccionista y exigente. Utilizo los recursos expresivos que considero son los necesarios en cada obra. Cuando entro en un proyecto lo doy todo y me preocupo porque quede lo mejor posible. Es la forma en que respeto mi trabajo y el de los especialistas que me acompañan. No veo mi trabajo como un negocio, sino como una profesión con la cual crecemos y nos alimentamos intelectualmente. Me gusta acompañar mis videos más allá de la terminación porque son como mis hijos”. Agradece a los muchos colegas y amigos con quienes ha formado equipo en la aventura creadora de realizar audiovisuales en Cuba y sobre todo el haberse formado dentro de la escuela cubana del videoclip que a lo largo de dos décadas ha fomentado el proyecto Lucas. “Le estaré siempre muy agradecido a Orlando Cruzata por existir. Me siento muy orgulloso de ser parte de este gremio que, sin las mejores condiciones, ha logrado un nivel estético y de producción envidiable en el mundo”, concluye quien valora como muy importante en su carrera haber recibido algunas nominaciones al Video más popular.

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