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El ritmo en el mundo de Brenda Navarrete

A Brenda Navarrete siempre le ha gustado formar parte de proyectos porque es una manera de reinventarse. Compartir con otros artistas y conocer nuevas cosas la mantiene viva. “A veces cuando eres la artista principal, te dedicas más a los tuyos, a tus cantantes, a tus músicos, a tu estilo, pero formar parte también de otras sonoridades ─sin dirigir─ es algo que me fascina”.

Quizás por eso cuando se graduó en 2009 de Nivel Medio en Amadeo Roldán comenzó a trabajar con varios proyectos. Por aquel entonces vivía fanatizada con los tambores. Estuvo en una agrupación femenina folklórica llamada Obiní batá; Interactivo con Robertico Carcassés y su hermana Melvis Santa, la Orquesta Sinfónica Nacional y Alafia, una agrupación folklórica. Además, impartía clases en Matanzas, como parte de su servicio social, a los alumnos del nivel elemental. Fue un periodo cargadísimo de información al salir de la escuela.

¿Siempre te gustó la percusión? ¿Tuviste algún incentivo para estudiarla?

“En mi casa siempre se escuchaba música. A mi abuela le encantaba la buena música. Oíamos a Barbarito Diez, Mercedita Valdés, Benny Moré. A mi abuela le gustaba mucho la zarzuela, y nos llevaba los domingos al Gran Teatro de La Habana a verla. Pero la primera que dio ese salto artístico fue mi hermana cuando estudió piano clásico, luego se decidió por la teoría y el canto. Yo la veía todos los días, me sentaba detrás de ella a escucharla tocar. Pero siempre me llamó más la atención todo lo que era ritmo, y cuando con ocho años me pregunta qué quería estudiar, yo le dije: percusión”.

En el 2010 llega el Festival del Tambor. Brenda Navarrete se presentó y obtuvo el primer premio. Conoció a Elaín Morales, Kelvis Ochoa, Decemer Bueno, y muchos otros artistas con los que luego ha colaborado. Hizo su primera interpretación como actriz musical en la compañía Yoldance, junto a Henry Gual y Yeni Urquiola.

“Todo ese embrollo me llevó a un sonido, una actitud en el escenario. En el 2013 me llama Gerardo Piloto a integrar el elenco del festival del Tambor, no ya como competidora sino como parte de los artistas que están en las galas de los eventos. Allí conozco a David Page, un periodista a quien le gustó mucho mi manera de tocar, mi proyección, y me propuso hacer los primeros singles: Caravana, Oshún, y Lejos de mí (a dúo con Melvis Santa)”.

“Además de mi familia, que fue lo primero que me impulsó a ser lo que soy por la disciplina, el amor y el apoyo; David Page me dio un buen empujón, y si no hubiese sido por Gerardo Piloto que me invitó a la Fiesta del Tambor yo no hubiese participado ahí”.

Mi mundo, primer fonograma de Brenda Navarrete ganó el premio Cuerda Viva en la categoría de Música Alternativa. En el mismo están incluidos Oshún y Caravana, junto a Baba Elegguá, Rumbero como yo, Namaste, Anana Oyé, Caravana, Drume Negrita, Taita Bilongo, Cachita, y Mulata linda. Con los tambores batá encontró Brenda Navarrete un camino conjunto con toda esa sonoridad de los distintos proyectos, estilos y artistas que ha escuchado alrededor del mundo.

Mi mundo porque siempre supe que iba a vivir diferentes experiencias con músicos a lo que admiraba antes de tener un sonido propio. Entonces decía que a través de la música que yo escuché, la música tradicional, moderna, y de los proyectos que formé parte, todo esto me daría un camino que iba a ser mi mundo”.

¿Qué significa para ti como artista la espiritualidad afrocubana? ¿Por qué los tambores batá?

“¿Quieres que te diga? La música es un lenguaje que no tiene letra. Puedes escuchar una música instrumental que te transmita mucho, o algo que tenga letra que puede trasmitirte también lo que te está diciendo y que a veces no es coherente con la música, y te lleva a otro lado sin tú prestarle atención a lo que te está diciendo. Porque la música te transporta.

”La espiritualidad y la música están conectadas. Siento que tienen el mismo fin: conectar con una energía. Todo lo que está relacionado con afro ─no solo lo afrocubano, sino también de África, que es el núcleo de todo esto─ tiene la espiritualidad, la energía, la conexión, tiene la raíz, la pureza. Cuando yo me encontré con la persona que me enseñó y pude degustar de lo que es conversar sin hablar, sin mirarte, simplemente con los ojos cerrados y escuchado, estar atento y despierto, es un sentimiento que no tiene descripción.

”Nos hemos pasado toda la vida describiendo y hablando acerca de todo, y los momentos más sublimes, sensibles están en compartir energía sin necesidad de hablar. Y eso me pasó con el tambor, especialmente el batá, pues son una familia de tres tambores que se tocan simultáneamente. Tres personas diferentes haciendo un ritmo diferente, pero es una conversación.

”No necesitas tener ninguna preparación cultural para sentir y conectar. No te hace falta, ni siquiera saber hablar. Solo sensibilidad. Eso fue lo que me llevó a mí al punto de enamorarme. Recuerdo que en la Amadeo Roldán: me adherí primero a las congas y luego con la batería. Después no quería más batería, sino cantar, pero cuando los tambores llegaron, sentí una energía tan fuerte que dije: “es esto”. Estuve tres años de mi vida escuchando solo esa música”.

¿Cuál es la combinación instrumental perfecta?

“Imagínate que los aborígenes cogían la piel de animal y hacían un tambor con esa piel. No estamos hablando todavía de África, hablamos de los taínos, los mayas. Para mí el tambor solo es suficiente, tiene todo, es la combinación perfecta, todo viene de ahí. Tú le puedes incrementar con lo que tú prefieras, pero con un tambor solamente basta.

”Todas las percusiones son importantes. La base rítmica es vital en todo. Una clave puede definir el estilo de una canción. Un sonido, aunque sea pequeño es importante; es lo que va a determinar el tiempo que marcar, la estabilidad para poder seguir una secuencia rítmica. La percusión está en todo nuestro cuerpo, en nuestro ambiente, en el ritmo con que hablamos y la pausa que hacemos. Cuando tu corazón late y emite una frecuencia, eso es ritmo, como el de parpadear, como el flujo de la sangre, de la respiración. No se necesita un instrumento para percutir porque somos percusión viva”.

Por último, háblanos sobre tus videos clip.

“Rumbero como yo fue el primer video que hice del disco Mi mundo.  Se estrenó en 2018 bajo la dirección del bajista brasilero-libanés Munir Hosnn. El video se grabó en el estudio de Edesio Alejandro y tuvo muy buena repercusión en las redes. Estábamos todos grabando en estudio y el video fue un making que recogió la experiencia de la grabación.

”De ese disco también tengo Mulata linda, dirigido por Day García y May Reguera, a quienes conocí gracias a Erick Iglesias (Cimafunk). Les mostré el disco y ellas escogieron el tema como para el clip. Se hizo en el 2019 y fue nominado como video popular en Lucas. Caminamos por toda La Habana con una cámara detrás de mí. Era la escena de las tres mulatas de la nueva generación con diferente estética. Es un video súper atractivo donde se marcó la sensualidad de la mujer sin llegar a la vulgaridad. Todo muy suave, pausado, alegre, con colores muy bonitos”.

Son los tambores lo que más vale para Brenda Navarrete de la música en general. Hacia donde se propone llegar no tiene límites. Ella solo sabe que va a llegar: “Y mientras llego, disfruto. Es lo que hay” ─dice mientras se ríe.

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