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De notas y risas olvidadas

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Pagola la Paga como el buen vino a los 30

Texto y fotos: JAPE

Pudieran pensar que me referiré a la omisión memorable de una inmensa «gozadera» donde primó el exceso de bebida y entusiasmo, pero no es así. Hablo de notas musicales, y la abundancia de frenesí está ligada al componente más notable de la inteligencia: el humor.

Este año estamos celebrando el primer cuarto de siglo de fundado el Centro Promotor del Humor, y por ello quiero destacar que esta institución, tan ligada al proyecto Lucas, está entre las primeras en destacar la magia producida por la mezcla de música y risa.

Es bueno apuntar que ya esta fusión existía en nuestra cultura muchos años atrás, cuando heredamos, de la madre patria, géneros teatrales como el sainete o la zarzuela… Pero seré más puntual: hablemos de música popular y demos su lugar preponderante a su majestad la guaracha.

Benito Antonio Fernández Ortiz (Ñico Saquito), Faustino Oramas (El guayabero), Pedro Luis Ferrer… entre otros insignes cultores; la hicieron muy cubana. Llena de jocosas historias y pegajosos estribillos. La guaracha se convirtió en el género musical por excelencia que hacía estampa en el teatro vernáculo, con incontables parodias y temas originales ejecutados por reconocidas orquestas.

Por suerte esta condición no se perdió junto a la escena del Bufo, que buscó espacios en otras dimensiones. Fue defendida por cantautores al estilo de Alejandro García (Virulo), que a su manera contemporánea y trovadoresca la incluyó en el antológico Conjunto Nacional de Espectáculo, de los años ochenta y principios de la novena década del siglo xx.

También a su modo, y marcados por el grupo argentino Les Luthiers (como casi todos los humoristas de ese naciente movimiento artístico), el grupo La Seña del Humor de Matanzas, trajo música y humor a las tablas, en una elaborada propuesta permeada por la inteligencia y el buen gusto. Su mayor éxito lo marcó la innegable cubanía que lograron en cada uno de sus espectáculos, a pesar de la mencionada influencia foránea. Es que también La Seña, y otros proyectos de este corte, llevaban en vena las raíces de lo más autóctono del Son, de nuestro patrimonio musical. De esos años también recuerdo con mucho aprecio el trabajo realizado por grupos como Lengua Viva, Los amigos, y los inolvidables Fonomemecos… entre otros.

En una suerte de continuidad histórica del quehacer musical cubano, ligado al buen humor, surge el grupo Pagola la Paga. La mayoría de sus integrantes fueron fundadores del Centro Promotor del Humor, y se convirtieron en un proyecto todo terreno: lo mismo hacen música, actúa, o cuenta chistes…  Ya suman tres décadas de absoluto reinado, llamados con toda razón, los reyes de la parodia en Cuba.

No significa que se hayan quedado en solitario en este difícil arte de blancas, negras, corcheas y sonrisas. A lo largo de estos 25 años del Centro, han sido muchos los humoristas que también han incursionado en la música como el grupo Fotuto Macana, Ariel Mancebo, Osvaldo Doimeadiós (a solas y en contubernio con Pagola) Jorge Díaz, Rigoberto Ferrera, Marcos García… y otros.  Un apartado especial para el holguinero dúo Caricare, que por demás construye sus propios «instrumentos».

Este artículo podría levantar susceptibilidades, y más de uno señalará que olvidé algo o alguien. Lo asumiré con total convicción pues converso con mi memoria, y más que tratar de hacer una estricta antología o tesis temática, intento llamar la atención de un quehacer artístico bastante vilipendiado.

La parodia y la canción humorística resultan por momentos propuestas huérfana, agraviadas de manera injusta. Quizás porque en ocasiones no se trata de piezas originales, o están llenas de humor o «simpleza» en sus textos, son relegadas a planos menores dentro del universo musical. Siento que incluso para la realización de videos clips no son muy tomadas en cuenta, en un mundo donde, pienso yo, todos somos hijos de Lucas, si de música cubana estamos hablando.

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