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Asiel Babastro y cómo contar historias

Asiel Babastro

Por: Rachell Cowan Canino

Para Asiel Babastro tanto el arte como la vida poseen un caudal infinito. De camino al cine, este joven virtuoso, ha encontrado en el videoclip el asidero para contar historias, tan particularmente bien logradas como intensas. Narrativas diversas que aterrizan en la creatividad de Asiel, y se materializan gracias a las luces y las cámaras de este director audiovisual.

De su trabajo me contó mucho en casi una hora de entrevista, tiempo suficiente para conocer a un hombre comprometido con su profesión y con el arte. Sorpresa para mí son las innumerables historias que aún tiene pendientes. Sin embargo, confesó que sus días tienen 48 horas, y busca siempre el camino para lograrlo todo.

 

¿Cómo ha sido este último año para tu carrera?

De total afianzamiento y dominio de elementos que uno casi siempre descuida, o que no sabe que debe tener para facturar un material visual. Me pasó que llegué a un punto donde encontré el tono y la forma narrativa, pero sentía que me faltaba tino narrativo. Así que empecé a coquetear con el relato fílmico y su embate en función del tema; y en cuánto podía avanzar este en materia de cápsula promocional, que es la esencia de un videoclip.

A veces no puedes ser demasiado hostil en querer contar tu relato y tu idea, porque obvias que ese artista llegue a un sector determinado. Si no haces un estudio de mercado de esa música, si no conjugas determinados factores, no harás llegar al músico a la gente como él o su disquera quieren. He estado trabajando todo el año en eso precisamente.

 

Tienes un sello muy personal y estético a la hora de presentar los videos, pero detrás de todo eso hay un estudio, una coherencia de las ideas, cuéntanos un poco cómo es este proceso creativo.

Parto de un matrimonio indivisible, la forma y el contenido –dualidad y condición que debe tener un material audiovisual–, pero que muchas veces o se descuida o no se tiene en cuenta; eso para mí es una regla viva. Mi proceso empieza con el planteamiento de cómo va a verse este material en el mundo, y no cómo será visto en el patio, o en el género, ¿qué aporta de nuevo a nivel de hechura en el panorama actual? Así que lo primero que hago es realizar un estudio de mercado, pues estamos haciendo una cápsula publicitaria –insisto en esto porque no se tiene en cuenta–, sin romper la lógica de lo que debe ser el arte: siempre una propuesta nueva.

Obviamente debe haber un proceso de retroalimentación, pero parto de lo nuevo a aportar, trato de pasar mis propios límites. Y claro, te pareces porque eres tú: es tu voz, tu ojo, es tu equipo… y por ahí va.

 

En tu trabajo está la firma de “una película de Asiel Babastro” que en solo 3 o 4 minutos cuenta una historia. ¿Pretendes que sean las bases de un largometraje? ¿Es esto un reto para ti?

Sí, es muy difícil, sobre todo porque no es la tendencia del mercado. Aunque sí creo que el mundo necesita aprovechar esos minutos al aire. Tener un bocadillo decente, atinado, consolidado, compuesto por una idea coherente, porque de eso se trata y uno no puede perder esa responsabilidad ciudadana, ni contigo ni con el arte.

Es decir algo, porque uno se convierte en líder de opinión, llegas a un montón de gente y si tu discurso es pedestre o agresivo no tienes compromiso social; estarías haciendo cosas sin tener en cuenta tu alcance. El arte de masas es marcador de tendencias y uno debe tenerlo muy en cuenta.

 

Te hemos visto trabajar con un sinnúmero de artistas y de géneros, ¿tienes algún criterio de selección para ello?

Trabajo en lo que creo y en lo que me parece que puedo aportar algo. No me gusta el arte mercenario –en algún momento trabajé para comer y fui lo más decente que pude–. Luego he tratado de ser lo más selectivo posible, o he dicho “mira, no soy yo el indicado”. Yo tengo que creer, y tengo que pensar que va a llegar a las personas de manera diferente.

 

Es otro reto ser una persona tan creativa en un mundo donde, de antemano, están muy claras las historias que funcionan. ¿Cómo lograr encontrar lo diferente, lo novedoso para el público y para el artista?

Lo que puede salvar, lo que ya está hecho, es brindar tu criterio con elementos probables, sostenibles y contundentes. Nunca hablo de lo que no sé, y tengo un montón de lagunas. Pero cuando sabes por dónde va el mercado, y te das cuenta que no hay una fórmula, que el público está en constante formación y ávido de criterios superiores, pues le explico todo eso al músico.

Todo es muy difícil y he tenido crisis existenciales porque a veces me parece que estoy jugando. Cuando tengo que enfrentar un trabajo, siempre pregunto: “¿dónde quieres que se sustente, en códigos convencionales y comerciales, o que sea un producto artístico que le insufle otro aire al material?”. Y por suerte, me dejan contar.

 

Hablemos de lo nuevo que propones en cuanto a videosclip.

Este año tuve la suerte de hacer dos producciones que me han traído muchas alegrías Lamento Yoruba, de Alexander Abreu y Havana D’ Primera; y El que siempre soñó, de Isaac Delgado y Gilberto Santa Rosa. Primero son artistas que respeto mucho y me dieron toda la libertad del mundo. Obviamente tuve que defender las propuestas, pero fueron aceptadas de manera agradable.

En el caso de El que siempre soñó, era una historia que tenía muchas ganas de hacer. Quería que el ambiente y el entorno donde cantaran los músicos apoyara el discurso de la canción con un elemento discursivo y dramático. Elegí la lluvia para eso, que todo el tiempo estuviera en circunstancias adversas, moviéndose y encontrándose con personas para dar la idea de esa vida que vas dejando, esa vida crepuscular donde la luz es baja y parece hostil; pero al final es una historia de triunfo y optimismo. Estoy muy contento con el resultado.

Lamento yoruba también quería mucho hacerlo porque es un homenaje a mis antepasados, a África, al sedimento de la cultura yoruba en Cuba y a la manera en que fue maltrato el legado de los esclavos africanos. Este tipo de cultura no hay que desdeñarla por determinadas conductas occidentales. Además, es un video bastante inquietante si se mira bien, porque está lleno de códigos y símbolos visuales. Por ejemplo, comienza con un plano dentro de una iglesia apuntalada completamente, y es ese coqueteo con la fé reforzada. Va por ahí, hay todo un culto fetichista e iconográfico que tributa al discurso final. Es una deuda de gratitud a África medianamente saldada.

Proyectos tengo mucho, incluso con Havana D’ Primera, Osdalgia, Paulo FG, Cucurucho Valdés. Estoy trabajando en una serie de ficción que queremos filmar el próximo año y que hablará de la Cuba del siglo XVIII y tengo una película a cuestas hasta que sea posible filmarla. Eso es bastante trabajo.

 

A propósito de tus deseos de hacer cine recientemente quedó aprobado el Decreto Ley No. 373 del Creador Audiovisual y Cinematográfico Independiente, ¿cómo crees que pueda ayudar esto en tu obra?

Eso es un terreno aún inexplorado por lo poco transitado que está. Yo creo que los primeros en participar serán los que arrojen luz en el asunto. Que haya un instrumento jurídico como este ya es favorable, supongo que se pueda enmendar en medida que se demuestre su funcionalidad, y espero que las autoridades encargadas sean lo suficientemente interactivos y estén comunicados con quienes la practiquemos para conocer cuáles son sus debilidades y sus posible puntos a corregir. Me parece necesario y además justo que se regule esa actividad, y que tribute en el crecimiento del audiovisual cubano. Espero que aumente en buena medida la capacidad de producción del país.

El éxito de “las películas de Asiel Babastro” recae en la inteligencia y el buen gusto de un hombre que quiere trascender en el audiovisual. Por ahora está muy complacido con lo logrado, aunque afirma que quiere filmar a grandes como Gerardo Alfonso, Leo Brouwer, Silvio Rodríguez y Pablo Milanés. Asiel es de esos talentos que nos tiene acostumbrados a la sorpresa y en el camino hacia su primer largometraje muchas podremos descubrir aún.

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